Historia natural

A principios de mes pasé unos días en una casa al borde del bosque, en la montaña. En medio de la noche, soplaba una racha de viento y la fronda resonaba con un fragor terrible.

 

El dueño de la casa les pone agua a los pájaros en un plato de barro. Ellos bajan a beber y a salpicarse, pero hoy, a la hora de costumbre, no hay agua porque el hombre se ha ido temprano al pueblo.

El dueño de la casa está dibujado en los mapas de los pájaros.

 

Tengo la intuición de que un orden racional no es posible en presencia de la naturaleza cruda. Dicho de otro modo: que los animales y las plantas son naturalmente fantásticos.

 

Los árboles ven las montañas frente a las que crecen, ven las orillas del agua, ven otros árboles. No ven las nubes, las abejas; no nos ven a nosotros.

Los árboles ven; pero ven muy despacio.

 

Me imagino un escenario teatral con dos puertas: por una solamente se entra; por otra solamente se sale. Cada personaje entra una sola vez en escena, y cuando sale desaparece para siempre.

Convendría no subrayar la alegoría; dejar que el público la barrunte o la comprenda.

 

Las estrellas no saben dónde estarán mañana. Nosotros podemos calcular una trayectoria, pero ellas no.

Las estrellas resplandecen, grandiosas, espléndidas, inocentes.

 

El mundo todavía guarda, de recuerdo, la primera ola.

 

Las melantemias son una familia de flores que emiten música para atraer a los insectos, como otras se sirven del olor, el color o la forma. En condiciones naturales el sonido no se percibe; es necesario instalar una campana acústica. Entonces los botánicos se detienen, fascinados por una música inhumana que mece el corazón.

El murmullo es tan menudo, tan sosegado, que se diría que las flores canturrean para sí mismas.

 

Los pescadores de la aldea pierden la memoria cada mañana. Por la noche se la limpian las mareas.

 

Después de una eternidad de sol, silencio y polvo, han llegado las tormentas. Desde entonces hay una herida dulce en la médula de los días y, de madrugada, una frescura compasiva. Se acaba. Otro verano para la biblioteca de veranos antiguos.

 

Madera de luna y velas fosforescentes, la reina de la montaña se desliza por el río. En la noche negra, preñada de estrellas.

 

(Cuento) Una mujer espera que un beso la duerma.

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