La tarde ha ido pasando y yo me he aquietado hasta pararme. Sentado en las sombras, toda la casa abierta a la brisa de primavera, a las voces de los niños de la calle, los coches, los gritos de los pájaros. Las ramas movedizas son siluetas de tinta contra el cielo pálido de poniente.
Mi corazón se ha encalmado como una vela sin viento. Cae la sombra sobre él también. Ya solo piensa en sí mismo. Es hora de encender una luz antes que sea de noche.

Deja una respuesta