Antes de introducirte en presencia del rey, te hacen unas cuantas advertencias protocolarias; entre otras, que no le hables si él no se ha dirigido a ti en primer lugar. De esa costumbre la luminosa recomendación de Schopenhauer, capaz de regir todo pensamiento y todo arte: que trates las cosas como si fuesen reyes y esperes a que ellas se dirijan a ti primero.
[Schopenhauer lo dejó dicho en una de mis numerosas lagunas culturales; Luis Landero lo menciona en un par de lugares de El guitarrista (Tusquets) y yo todavía no he sido capaz de encontrar la cita original. Libro que, por cierto, está lleno de frases estupendas del propio Landero: «Hablaba y actuaba con la dulzura y el aplomo de quien ha llegado a la madurez sin guardarle rencor a la juventud y a sus promesas incumplidas»; «ahí descubrí yo lo que puede llegar a valer un hombre si él mismo pone el precio». Y así. Mejor leérselo entero.]

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