El hombre lobo piensa en ese tema

En el recuerdo, aquí tumbado, puedo ver la figura de tu vida y ahí las huellas de mis dedos. Las reconozco, y sin embargo no consigo razonar mi culpa. Cómo pedirle a un hombre responsabilidad por las consecuencias de su biografía en un mundo estocástico que revienta cualquier cálculo en la secuencia de efectos y causas.
Ahora bien, según dicen, no debería razonar así, ya que a un buen comportamiento no se le pide un cálculo fino de sus consecuencias. Precisamente, uno se conduce con un criterio moral porque ya no puede distinguir a un par de metros los efectos de sus actos. Tal es la razón de la ética. Por eso debe bastar con haber sido honesto en principio.
¿Y lo fui? Qué sé yo. Por confuso que resulte el mundo, mi interior es una larga noche. Yo qué sé si actué o no actué de forma moral. Aún podría decir que lo hice lo mejor que pude; pero no, no estoy seguro de haber actuado cada vez con buena voluntad.
Preguntarme sobre mi buena voluntad me lleva otra vez al mundo. ¿Qué es lo que hice? Como el licántropo, uno se despierta al mediodía y mira alrededor con temor y suspenso. Si las ropas están rotas, si hay rastros de barro en las bocamangas o en las uñas, si dice el vecindario que se echa a alguien de menos.
En la forma de tu vida están mis huellas, y yo soy el que cree que no tengo otro remedio que sufrirlas. Que un hombre no vale la pena si no se atreve a mirar el peso de sus obras en las vidas de otros.
Respiro con felicidad y con alivio. Al fin y al cabo, tu vida es buena.
[«Eso es todo lo que puedo hacer —dice el licántropo—, y que Dios me perdone. Es curioso: creían en un Dios necesario para castigarnos y se equivocaban; Dios era necesario para absolvernos»).


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