Nunca se me ha ocurrido preguntar si es algo que le pasa a todo el mundo o si se trata de una rareza, pero el caso es que a lo largo de mi vida yo he soñado algunos sueños muy importantes.
Mis sueños categóricos, fundamentales, han sido tres. Una noche como otra cualquiera me dormí; al despertar tenía la sensación de haber sido parte de un milagro. Y aunque hayan pasado tantos años desde el último, lo curioso —o lo infantil, o lo entrañable— es que muchas noches me acuesto, apago la luz y me tapo con la esperanza de que me llegue otra vez una experiencia prodigiosa, un sueño desde el lugar en donde viven los dragones y los ángeles.

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