Lugares comunes

En un andén vacío, en el metro, he visto esta mañana un cartel con una playa del paraíso. Como siempre, según el verano asciende en el cielo la ciudad se despuebla, y a medida que se vacía flojea su realidad, como tiemblan las imágenes al sol sobre la tierra tórrida. Porque esta ciudad enorme no se sostiene, igual que otras, en unos huesos tenaces; más bien semeja un espacio transitorio, abstracto; antes un hábito cívico o un convenio que un objeto perpetuo, de ahí que su realidad parezca depender de la asistencia de su gente, y cuando la gente falta, dé la impresión de que no queda la ciudad sino sus restos.

Los fluorescentes del metro, en las horas más solas del verano, dan una luz alucinatoria. Vi el cartel de la playa perfecta con su ensenada de agua aguamarina y pensé: «como un alga acariciada por el viento». Era un lugar común, el arquetipo del paraíso: una playa de arenas blancas, el agua de cristal, el cielo azul, las verdes hojas frescas y la sombra. Ante esa imagen cenital yo contesté: «comme une algue caressée par le vent»; como un alga acariciada por el viento, la imagen del dulce reposo del poema de Prévert.

Todos compartimos esos lugares. En un tiempo yo viví los versos de Prévert, como hubo un tiempo, claro, para la teatral belleza en blanco y negro de Doisneau, un tiempo para París entera, para Gil de Biedma («Ahora, voy a contaros / cómo también yo estuve en París, y fui dichoso»), para las islas de Gauguin o las de Stevenson. De nuevo sobre París, escribió Borges: «el grado físico de mi felicidad cuando me dijeron la liberación de París; el descubrimiento de que una emoción colectiva puede no ser innoble…».

Los lugares comunes. Esos lugares donde todos hemos estado y hemos sido felices. Como una postal del paraíso.

(El poema de Jacques Prévert:)

Sables mouvants

 

Démons et merveilles
Vents et marées
Au loin déjà la mer s’est retirée
Et toi
Comme une algue doucement caressée par le vent
Dans les sables du lit tu remues en rêvant
Démons et merveilles
Vents et marées
Au loin déjà la mer s’est retirée
Mais dans tes yeux entrouverts
Deux petites vagues sont restées
Démons et merveilles
Vents et marées
Deux petites vagues pour me noyer.

 

[Arenas movedizas

 

Demonios y maravillas
Vientos y mareas
A lo lejos ya la mar se ha retirado
Y tú
Como un alga dulcemente acariciada por el viento
En las arenas del lecho te remueves soñando
Demonios y maravillas,
Vientos y mareas
A lo lejos ya la mar se ha retirado
Pero en tus ojos entreabiertos
Dos pequeñas olas se han quedado
Demonios y maravillas,
Vientos y mareas
Dos pequeñas olas para ahogarme.]

Jacques Prévert. Paroles


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