Todo objeto existe contra un fondo. Sea una figura en un tapiz, sea la torre en la ciudad antigua, sean los números primos contra el fondo de los números enteros. Este cartel se entiende sobre el fondo de la realidad; si lo despegamos de la persiana metálica y lo pegamos en otra superficie (una persiana levantada, la corteza de un árbol, un patíbulo, dos dedos por encima de un ombligo, la puerta de un bar una noche de fiesta), pasará a emitir otro mensaje completo. De este modo se ve que la significación no es del cartel —no es del texto— sino del conjunto del texto y su contorno.
Se trate de un cartel, un relato o un poema, por supuesto. Pero esto último nunca se admite, porque la palabra literaria conserva desde los antiguos su carácter sagrado y nadie se resigna a su contingencia; a imaginarla incierta, librada a su condición mortal, caminando por esta tierra de los efectos y de las causas, pasando a ser una cosa, u otra, u otra.

Deja una respuesta