Nos cuesta imaginar la realidad sin sintaxis, es decir, sin alguien que mueva algo por algo y alguien, pero hagamos el esfuerzo. Imaginemos los hechos solos, sin agentes ni pacientes. Lo que sucede en el mundo, lo que se da. Coches parados en un semáforo. Un golpe de viento que derriba una valla publicitaria. La salida de los espectadores de un estadio. Olas rompiendo en un muelle. El ocaso. Una inauguración con canapés. Un nacimiento. Supón que desde muy alto, desde las nubes, ves estos grumos de hechos, aislados, cada uno en un sitio, como puntos en una cuadrícula, o como aparecerá desde allí arriba la disposición regular de los olivos ordenados sobre el campo. Ahora, imagina una línea que se tiende de un hecho a otro, de ahí otro, y luego a otro, y más allá, y así una línea zigzagueante que escoge y enhila una serie de ellos.
Ése soy yo, por ejemplo, o tú: una trayectoria. También podemos imaginarla como un relámpago que atraviesa todos esos puntos del primero al último, que alumbra los campos y la bóveda de los cielos.

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