Albert Camus deseaba la justicia; a la vez, era consciente de los cr�menes cometidos en su nombre. As� que expres� de este modo la quintaesencia de las elecciones morales: �Yo creo en la justicia, pero defender�a a mi madre antes que a la justicia�. Desde ah� se empieza.
No hay ninguna raz�n abstracta que pueda obligar a un hombre a matar a unos ni�os en una escuela secuestrada, y una vez que ese hombre lo ha hecho, entonces no hay ninguna disculpa abstracta que lo libere de la carga del m�s espantoso de los cr�menes que se pueden cometer contra la m�s indefensa de las v�ctimas. En los d�as que vendr�n oiremos c�mo unos y otros contextualizan los hechos, c�mo se buscan causas, c�mo se intenta explicar, c�mo se reparten responsabilidades y culpas. Pero nada de eso podr� aligerar el peso del horror de la culpa que cae sobre cualquiera de esos hombres que se han cubierto de bombas y han secuestrado una escuela llena de ni�os.
Porque en el fondo, todas esas explicaciones nada tienen que ver. O s�, pero son escolios, marginalia. El culpable es un hombre. No sirve la obediencia debida. No le sirve al torturador que obedece a sus superiores jer�rquicos ni tampoco al que obecede el mandato de su patria, o el de Dios, o el de sus muertos que reclaman venganza. El mal en estado puro no puede llamar en su disculpa a ning�n mal anterior.
Ninguna colectividad diluye el tama�o de la culpa sobre los hombros de un hombre que ha decidido entrar a prop�sito en una escuela cubierto de bombas. Si no entendemos eso y a partir de ah� organizamos el universo moral, estamos perdidos.
La moral puede llegar a ser una asignatura compleja, pero en el �ltimo de los casos nos queda Camus: �Yo creo en la justicia, pero defender�a a mi madre antes que a la justicia�. Nada puede obligar a un hombre a atacar a su madre. Ni a matar a unos ni�os. Desde ah� se empieza.

Deja una respuesta