Rito de junio

Como un juego, me gusta adoptar h�bitos voluntariosos, repetir un acto o un gesto hasta consagrarlos sin mayor motivo. Este es uno de esos ritos m�os informales, acordarme alguna noche del mes de junio del poema de Gil de Biedma, naturalmente este, qu� remedio:

            NOCHES DEL MES DE JUNIO

A Luis Cernuda

Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
                             porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
                                                           nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.
Eran las noches incurables
                                          y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.
Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
        o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
                                     Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.

Hace tiempo que no soy un adolescente, pero creo que no se me ha olvidado c�mo era. Y, en todo caso, cada junio sigo sintiendo esa especial sonoridad del aire, la angustia peque�a y otras cosas.
Bien, ya est� hecho el rito.
(El poema pertenece a Compa�eros de viaje; yo lo he sacado de una antolog�a de Gil de Biedma en C�tedra, Volver).


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