En una esquina de un trasbordo muy largo entre dos paradas del metro de Madrid se ponía un hombre con un saxo que tocaba All of me con una perseverancia maníaca: al menos, yo nunca lo vi tocar otra cosa. La música reberberaba tan fuerte en aquel recodo de techo bajo que podías cruzar los quince metros de corredor cantándola a voz en grito sin que nadie se diese cuenta:
All of me
Why not take all of me
Debe de ser la canción triste más alegre del mundo. Quince metros de luz todos los días en un pasillo bajo tierra:
You took the part
That once was my heart
So why not take all of me
El hombre hace tiempo que ha desaparecido. Si mi vida fuese una comedia con final feliz, un día volvería a encontrármelo tocando Muskrat Rumble; entonces yo cogería un banjo y me sentaría a tocar a su lado para siempre.

Deja una respuesta