Piensan que se mantendrán jóvenes permaneciendo fieles a las creencias de la juventud. Y ahí se quedan, su juventud y ellos, alejándose inmóviles, mientras el resto del mundo alrededor es llevado por la marea del tiempo. Cada vez más lejos, como una luz en un embarcadero. Y lo mejor de todo es que no se explican que los nuevos jóvenes no los consideren jóvenes a ellos: cómo van a haber dejado ellos de ser jóvenes, si no se han movido ni un palmo del sitio.

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