Mariángeles

Hoy me ha escrito M.ª de los Ángeles. He llegado a casa del trabajo y me he encontrado en el buzón una carta suya. Tiene sólo veinte años, y veo que es del signo del cangrejo, como yo. Se ha confundido y me ha mandado a mi nombre su currículum. A mí, a esta dirección. Pone, en letras redondas: «García Avellana, Director de Recursos Humanos».
Me dice que ha ido al colegio y luego al instituto, aunque lo dejó pronto; después se ha metido en una academia del barrio a aprender corte y confección y patronaje. Ha cuidado niños. Ahora tiene sólo veinte años. Eso es todo.

Yo no soy director ni soy nada, pero quizá a fin de cuentas la carta no se haya equivocado tanto, porque yo lo entiendo, Mariángeles, yo lo leo todo. Todo, todo; todas esas cosas que no has podido escribir en el papel, Mariángeles, yo las sé. Bendita seas, trabajadora, dondequiera que te encuentres. Que la vida te cuide.


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