Autor: Juan Avellana

  • El verano en una playa del norte

    Cada verano es la certeza de la felicidad.

    El agua verdeazul, el oro de los días, la luz del mar, la espuma blanca que tremola como las banderas, las noches claras: la felicidad puede estar, o no; puedes tenerla o haberla perdido; pero existe ahí; se ve que es una cosa del mundo. Tantos veranos, desde que tengo recuerdo, en esta misma costa.

  • Cioran

    ¿No hay momentos de amor a cuyo lado la muerte parece una pura desvergüenza?

    Emil Cioran
    (vía Cioran vs Cioran)

  • Vacas

    Idea: una raza de vacas tristes que da leche desnatada.

  • Manual de despiece

    Máquina de escribir desmontada en todas sus piececitas

    En Amazon venden este libro, Things Come Apart: A Teardown Manual for Modern Living, hecho a partir de imágenes de tecnología minuciosamente desmenuzada. (Amazon deja ver una muestra, pinchando en la foto de la portada).

  • Fondo y figura II

    Te dan un rotulador negro y te mandan que te pongas a dibujar líneas en una pizarra blanca: ahora hacia arriba, ahora un poco a la derecha, ahora un círculo… Tú obedeces las instrucciones, pero no les ves sentido a los garabatos que pinta tu mano. Cuando protestas, alguien te explica, riendo, que lo que estás dibujando no es la figura, sino el fondo. Entonces te das cuenta, en efecto, de que las partes que han quedado en blanco representan algo: un rostro antiguo y hermoso de aire preocupado, pongamos.

    Ahora imagina que a lo largo de la vida vas escribiendo todo lo que aprendes en un cuaderno. Y que lo que importa no es lo que vas sabiendo, sino lo otro.

     

    [Fondo y figura]

  • Menta

    Entro en casa desde la terraza y busco por ahí un alambre grueso. Me pongo a torcerlo con unos alicates para que coja la forma que quiero. Un olor terrestre de menta sube hacia mí desde mis propias manos.

    Recuerdo a mi padre o a mi abuelo haciendo esto mismo que yo hago ahora, trastear absortos con algo entre las manos, la boca apretada, respirando despacio por la nariz.

    Tengo una maceta de menta en la terraza que con estos días nuevos se ha puesto muy alta; de ahí el olor de las manos.

    Benditas estas tardes interminables de luz de primavera.

  • Los soñadores

    Todos los años, al principio del verano, una reata puntual cargada con trebejos y sabios sube por laderas y cuestas hasta Pintigiane, aldeúcha de montaña. Por entonces, y durante una semana de la luna, los muchachos de Pintigiane sueñan con batallas remotas, con velas extranjeras en el horizonte, con dientes de difuntos, con discursos de reyes, con heridas como estrellas de sangre, con una flor amarilla que relumbra en las sombras de un bosque. Durante una semana, los muchachos de Pintigiane sueñan la historia del reino.

    Un sabio vela la noche entera a la cabecera del camastro de un adolescente y toma nota de sus balbuceos. Quizá puedan alumbrar el sentido de un edicto inexplicable, refutar una leyenda o refinar una etimología. Alguna vez el soñador se calma, abandonado por la fiebre, suave la respiración. Los pensamientos del mago se acompasan al pecho del joven como un rumor de olas. Perdido en la niebla de sus vastos saberes, el sabio se aduerme, y en su sueño empiezan a entreverse siluetas y a oírse voces. Un peligro, porque si este viejo cansado se confunde, ¿quién sabrá decir un día qué parte de los libros es historia verdadera y cuál sea sueño?

  • Escrituras

    Hace un par de días, el Viernes Santo, me bajé hasta a la playa a dar una vuelta, pensando en mis cosas y en un post que quería escribir no sabía con qué. Yo estaba muy perdido, y cuando me extravío mi escritura tiende a volverse sobre sí misma o sobre mí. La tarde no podía ser más melancólica, bajo la lluvia oscura, insistente y mansa, todo del mismo color verde-bajo-la-lluvia, el mar, las paredes y las piedras.

    En verano, a los chavales les gusta tirarse al agua desde el final del espigón; por la parte derecha, que está despejada de rocas. Justo ahí, en ese borde, veo que alguien ha escrito con pulcras letras redondas en el suelo: «R.D.L.V. Nunca te olvidaremos». Las iniciales del nombre en morado y el resto en rosa, sobre el hormigón verdinegro que ahora espejea.

    Alli a solas en la lluvia, una tarde plomiza de Viernes Santo, es fácil dejar que en la imaginación se pinte un drama. No sé. En cualquier caso, me devolvió de pronto al mundo grande de los hechos, el mundo repleto de personas, acciones, colisiones e historias distintos y grandes a cuyo lado las tracerías de un pensamiento reflejo se deshacen como humo en el aire.

    Me pareció entonces que aprendía una cosa: que en la vida son los hechos los que dan orden y sentido el pensamiento, y no al revés, como uno hubiera pensado.

  • Progresos

    Día a día progreso en mi autenticidad y mi ruina.

    Yo aspiraba —quizá con un poco de teatro— a una simplicidad desnuda, perseverantemente despojada. Y resulta que, con el tiempo, me encuentro despojado de veras.

    Pero el que no tiene nada tampoco tiene adjetivos, ni adverbios. Nada de austera desnudez o sencillamente pobre. El que lo pierde todo en el orden moral pierde asimismo la elección; por el camino han quedado también la voluntad o la meta. El pobre de corazón es una cosa, una piedra lisa. La pobreza limpia no tiene mérito.

    *

    Ya no me quiero, es cierto, pero cuánto me quise.

    *

    Debo pensar más en la diferencia entre un hecho y una obra.

    *

    Un día me pasé la mañana mirando afuera. Había una clarísima luz mate que era como el espíritu del invierno. Todo estaba quieto, quieto hasta lo más adentro. Veía un resplandor tamizado; el dibujo lineal de los árboles, el gris pulido del cielo gredoso. Mi asombro por el mundo como es quizá sea la forma en que me es dado participar de un fervor ulterior: el de que el mundo sea.