Por supuesto, en España hay periodistas probos. Yo incluso tengo amigos periodistas. De hecho, uno de mis mejores amigos es periodista.
Autor: Juan Avellana
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Punto de vista III
Mi sobrino tiene seis años; su hermana, pronto, tres. Van de acá para allá, cantan, cuentan, lloran, salen con cosas asombrosas. Después de mucho tiempo, así han vuelto a aparecer los niños en mi vida.
Yo me los quedo mirando con curiosidad despreocupada y con cariño, claro, para eso soy su tío. Pero el otro día, de pronto, pensando en el discurrir de su vida, sentí una punzada de dolor por esas cosas de las que no habrá manera de librarlos según crezcan. Y entonces me acordé de cuando yo era niño y levantaba la cara para mirar a un adulto, y aquel aire vago de tristeza que los acompañaba, como el que lleva encima una derrota.
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Tus actos son mis sueños
Por la época en que solíamos escribirnos te pregunté por la traducción de unas frases de Shakespeare, del Cuento de invierno, no sé si recuerdas. Con Shakespeare pasa siempre lo mismo: no importa quién anime o malogre una obra suya, ni importa si la peripecia es absurda o bien traída, porque sobre el escenario pasa la voz de Shakespeare como un viento más sonoro que las voces que lo dicen, y encima, es fácil que suceda en cualquier instante un milagro verbal, un deslumbramiento que es puramente lingüístico.
Yo estaba aquel día sentado en mi butaca como con el culo sobre guijarros, cuando fuera de la oscuridad el rey Leontes gritó: «Tus actos son mis sueños», que en el contexto de la obra hay que entender en el sentido de ‘tus acciones son la materia de mis pensamientos’, una frase de un valor terrible, tanto en su manifestación maligna como en la bella: cuando la vida interior de uno da vueltas alrededor de los hechos de otro, bien como una torturada obsesión o al revés, bien como una fuente de maravilla. Sin embargo, hoy me he acordado de la frase, curiosamente, en su significación literal.
Ya te he contado alguna vez que desde hace mucho, si sueño, apenas recuerdo mis sueños. Ayer, después de comer, me quedé dormido en el sofá, tapado con una chaqueta. Estaba cansado. Pero me desperté enseguida, al cabo de diez minutos. Soñaba que abría el buzón del portal y me encontraba una carta que llevaba allí un tiempo sin que yo lo supiera. Una carta aérea como las antiguas, de papel, con una orla de rayas azules y rojas y un matasellos enorme de color añil, y era tuya. Entonces me sobresalté y me desperté.
Vine al ordenador y miré el correo, pero no había ninguno tuyo. Bueno, era normal.
Ya de noche, andando por la calle, me acordé de que no miraba mi teléfono móvil desde hacía un par de días, y me encontré tu mensaje. Y me detuve en medio de la calle con una sonrisa prodigiosa.
[HERMIONE
Sir,
You speak a language that I understand not:
My life stands in the level of your dreams,
Which I’ll lay down.LEONTES
Your actions are my dreams (…).Cuento de invierno, acto tercero, escena II.]
[En sus Notas a Shakespeare, Samuel Johnson dice: «My life stands in the level of your dreams»: to be in the level is by a metaphor from archery to be within the reach.]
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Cine
Las razones por las que el cine español es un fracaso artístico y económico están todas en esta carta de Álex de la Iglesia. Involuntariamente, por supuesto.
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Funciones de verdad
Los escaparates están ahí para acercarte a los objetos o para separarte de ellos, depende del día. Hoy he visto una tienda de juguetes y maquetas con estanterías de cristal y un mostrador de madera blanca y pequeñas luces numerosas que brillan; después los estuches de grageas de colores lacados y nombres exóticos alineados como joyas en el escaparate de una farmacia antigua; después, en una librería de arquitectura, libretas de papel agarbanzado, tipografías rotundas sobre paisajes de claridad y rectángulos de paraísos racionales.
Puede que un día yo ande vagando por estas calles grises de un mundo rugoso, sucio, en el que el cristal de los escaparates me separa de otro universo iluminado y perfecto donde personas ajenas viven sus vidas remotas; puede que un día me asome a ellos para participar de la belleza de que es capaz otra gente como yo, vidas simples que incluyen cultivar un prodigio de luz dentro de un redondel como quien hace medrar una maceta.
De esta clase de cosas habla la literatura, y de no entenderla bien viene el peligro y el daño de una educación literaria. En una navidad dickesiana se ven familias junto al fuego, alegrías sencillas y ponche caliente; en la nochevieja despiadada de Andersen esas mismas ventanas dejan fuera a una niña que va encendiendo cerillas hasta que la mata el frío. No es que una historia diga la verdad y la otra no, ni tampoco que la literatura no esté para decir la verdad, sino que hay que entender cómo entender las verdades que la literatura dice, cuando las dice.
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Afonismos III
La vida es una ciudad a la que ya nadie llega para quedarse.
¿Qué tiene una mosca que decir sobre el mundo?
Si fuese verdaderamente original no lo entendería nadie.
Variaciones: Una verdad es como un templo.
Eximente: Estaba bajo la influencia de un tango.
Sobre un escudo: Hago lo que puedo, que siempre es poco.
Lo peor de la cobardía es que es interminable.
Por si fuese poco no escribir como uno quisiera, encima, convivir con la conciencia de que uno es inferior a lo que escribe.
Si Dios hubiera hablado una vez, seguiría hablando siempre.
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Lomografía
Hace un tiempo intenté una serie de posts que llamé Lomografía, porque eso intentaba: reproducir —de palabra— fragmentos de imágenes con que me cruzaba. Enseguida tuve que dejarlo, quizá por un problema técnico inherente al asunto, quizá porque lo mío sea la fotografía de estudio, quién sabe.
Así todo, he seguido anotando las cosas de la gente con que me cruzo, pero casi siempre palabras, no imágenes.
Esto son frases que he oído al paso (mayormente en Madrid, aunque no sólo) a lo largo de, no sé, por lo menos un año:
Dos chicas, de alrededor de veinte años, en un vagón del metro. Tienen aspecto de buenas alumnas. «Yo no aguanto las cucarachas —dice una—. En casa de mis padres de vez en cuando se ve alguna. Me da miedo que se me puedan meter por los oídos mientras duermo, así que me pongo unos algodones. —Se echa a reír—. Para que no puedan meterse».
En pleno centro de Madrid, una funcionaria cuenta que está haciendo un cursillo de pastora. Andará por los cuarenta y tantos. Tiene un aire un poco triste. «¿De religiosa?» La funcionaria sonríe levemente: «No, sí, sí, de pastora, de ovejas».
Por los pasillos del metro, una señora va cantando algo que parece una canción infantil, solo que la letra es muy extraña, dice: «Todo va cambiando / a mi alrededor».
Dos hombres y una mujer, jóvenes, en medio de la calle: «Se ha dicho que soy un yonki y un hijodeputa».
En el gimnasio, dos hombres se preparan para entrar en la clase de taichi. Uno le está contando a otro una conversación con un tercero: «¿Que así se fortalece tu sistema inmunitario? Entonces come mierda».
Un señor que está comprando algo en el kiosco: «¿Morirme? Ya lo sé. Cuando me toque».
En la línea 3 del metro me encuentro al célebre niño de la serpiente sin cabeza. Tiene como siete u ocho años. Está llorando. Su madre me explica que le han regalado una serpiente de plástico en El Corte Inglés; el niño ya venía todo el camino emberrenchinado, y en eso va y pierde la cabeza de la serpiente recién estrenada y entonces ya es inconsolable. Cuando la madre termina el relato, él afirma con fatalismo que jamás se irá del metro hasta que encuentre la cabeza. Un pasajero de acento andaluz le dice: «Entonces te convertirás en el célebre niño de la serpiente sin cabeza de la línea 3». Él no se ríe nada, nada. Los ojos verdeazules le relumbran con las lágrimas.
En la playa. La madre: «Espera un momento a que llegue tu padre y te vas con él. ¿Dónde se habrá metido el mamón?». La niña: «Yo no quiero ir con papá. Es un guarro».
Entran en el vagón un chico y una chica y se sientan frente a un hombre de cuarenta y algo que va oyendo música. Los dos primeros dan la impresión de que fueran compañeros de oficina. Él va de traje; ella tiene un aire a una Uma Thurman con la cara más tierna, y al sentarse, sin dejar de charlar con su compañero, ha mirado directamente al hombre de la música y así se han quedado un momento dulce, mirándose. Ella le dice al del traje que su madre no le deja tener gatos en casa, y éste le contesta: «¿No?». Y el de la música: «Yo te dejaría tener cocodrilos», piensa.
[¿Qué es la lomografía?:
http://www.lomospain.com/lomografia/lomografia.php][Overheard in New York
http://www.overheardinnewyork.com/
es algo parecido a esto, pero mucho mejor. Para llorar de la risa. Aquí, un par de antologías:
http://www.overheardinnewyork.com/pages/mostpopular.html
http://www.overheardinnewyork.com/pages/favorites.html] -
Receta
He descubierto la receta para ser una persona normal: tener un poco de todo, no tener mucho de nada y nada en absoluto de un par de cosas.
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Trabajadora
La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos ha empezado a poner en Flickr parte de sus fondos fotográficos. Esta es una trabajadora comprobando montajes eléctricos en una fábrica de aviones, durante la guerra, en 1942. El autor de la foto es David Bransby. No sabemos el nombre de la mujer.
[Aquí hay más información sobre la foto y copias de mayor tamaño.]
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Distancia
La distancia sideral entre este significante, mostrenco —de las palabras más pesadas y torpes de la lengua— y su primer significado:
1. adj. coloq. Dicho de una persona: Que no tiene casa ni hogar, ni señor o amo conocido. U. t. c. s. (DRAE)
¡Qué buen nombre para un barco!

