Autor: Juan Avellana

  • Imagina

    La sociedad humana es un sistema de computación distribuida.

  • Lo que está

    El amor está siempre. Cuando está porque está; y cuando no está, porque está ausente.

  • Lo que falta

    He escrito aquí sobre el verano, sobre las plantas y sobre la gente que viaja en los trenes. He hablado de muchachas, de las propiedades de la materia, de relieves mesopotámicos y de playas. He mezclado recuerdos, patos, invenciones, neutrinos, avisos, discos duros, magia, zoológicos, tribunales y mareas. He reflexionado de muchos modos sobre la escritura.

    El amor está detrás de cada una de esas letras.

  • No importa cómo

    Cuando uno encuentra algo bueno, no es equivocado decir que era eso lo que estaba buscando.

  • Una aclaración

    No es, como tantos apresurados piensan, que el Blog Celestial de la Contemplación Perfecta esté abandonado. Ni mucho menos. Se actualiza. Un post nuevo cada 120 años.

  • «El enemigo es tonto:

    se cree que nosotros somos el enemigo, ¡cuando el enemigo es él! Cuando lo vuelvo a pensar me entra la risa…»

    Pierre Desproges.
    Al menos, así lo citaba John Brown en el número 56 de Archipiélago.

  • Si la cosa está yo estoy aquí

    La literatura que a mí me gustaría escribir, en su forma más pura, es esa que practican los niños cuando señalan con el dedo, durante el tiempo en que aún no hablan. ¿Los habéis mirado? Ellos ven la cosa —la que brilla, la que suena, la que está, la cosa alta, la lisa, la naranja— y la señalan. Uno, hecho a los gestos del adulto, se pregunta qué quieren de la cosa, pero no quieren nada. Es solamente que la cosa es, y es de ese modo, ahí. Una literatura de la ostensión. Una celebración de la cosa, y a la vez del niño. Si la cosa está ahí yo estoy aquí.

    Escribir de ese modo sería como dar con un camino de vuelta. Porque yo soy ya un habitante de una dimensión teleológica. Mi mundo es una trama de porqués. No se puede escribir pan luz agua mujer piedra, y ni siquiera he ahí una mujer agua como la luz y la piedra, casi ni una mujer sentada sobre la piedra inclina la cara sobre la luz del agua, sino que al escribir hay que ahondar su porqué.

    Si no, no vale. Si dices «aulaga» a un compañero silencioso, él se volverá y te preguntará por qué lo dices. Por nada, respondes. Pero se supone que lo dices para algo, no como un niño, no para manifestar la aulaga, su olor silvestre o su recuerdo, no para revelarla y celebrarla. La palabra no es una epifanía. Se dice por una razón. Viene al caso.

    Es más, parece que en eso consiste precisamente la literatura, en llegar al sitio de donde a mí me gustaría partir. La mejor literatura es una soberbia construcción que acaba manifestando de la profunda verdad de lo presente.

    Qué rodeo más largo; tanto trabajo para demostrar las cosas, las simples cosas que están ahí y que ya no comprendemos con que nos sean, sencillamente, mostradas.

  • Simbolia

    Acabo de ver un pato desde mi ventana, negro sobre blanco, recortado en el cielo lechoso de la tarde. Pensé en una letra o una nota musical, blanco y negro, la silueta moviendo largamente las alas. Luego he pensado en la caligrafía japonesa.

    En realidad, no sé si era un pato; yo no distingo más que los tres o cuatro pájaros de ciudad. Si hubiese sido una letra, entonces quizá hubiera dicho: mira, ahí va una garamond cursiva. O si hubiese pasado la palabra pato de derecha a izquierda, como en un salvapantallas celestial. Ah, pero los patos de la realidad, qué difíciles.

  • La existencia II

    Primavera verano otoño invierno: cómo se suceden las generaciones de los hombres.

  • La existencia

    Primavera verano otoño invierno, y así sucesivamente.