El 5 de junio pasado Barack Obama acababa de ganarse la nominación como candidato y yo me encontré esta fotografía a cinco columnas en la portada de El País. Tuve la rara sensación de que estaba viendo de una de esas imágenes que marcan una época, pero uno nunca sabe. Hoy sé.
Categoría: almargen
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Mi medida
Dice la máquina que el día 3 de este mes había publicado 365 posts en este blog. Eso quiere decir que me ha llevado cinco años y pico lo que a un bloguero estándar le hubiese llevado justamente uno. La máquina ha tomado la medida exacta de mi inoperancia.
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Experiencia
La experiencia es la gran maestra. Pero toma solo algunos alumnos, según parece.
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Antiestigia
De un tiempo acá, tengo la sensación de que una ninfa me hubiese sumergido en el agua y me hubiese vuelto vulnerable por todas partes, excepto quizá el talón.
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Una danza
De este cuento de aquí abajo, Stardust, han hecho una película. La simpatía definitiva por una persona o una cosa puede empezar por el detalle más nimio. Esta película, por ejemplo, me estaba pareciendo una historia divertida y bien contada, cuando dos personajes se marcaron un baile, en la cubierta de un barco, a la luz de las antorchas, mientras en un gramófono sonaba esta música que es un viejo capricho mío, y así me encariñé:
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Oído por ahí II
En la barra de un bar de copas, a las dos o las tres de la mañana, una voz dice: «Yo era un veterano de guerra hasta que me enamoré».
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Iluminaciones
En el post anterior usé la palabra iluminación, en primer lugar, porque quería significar literalmente una impresión de luz, pero la culpa de que no me haya ahorrado su peso connotativo es la cercanía de esta frase feliz de Félix de Azúa en el prólogo a la edición italiana de su Diccionario de las Artes: «Este diccionario es un montaje de iluminaciones discontinuas». Ojalá se me hubiera ocurrido a mí y pudiese decirla con verdad, qué sé yo, de esta misma página (o de mi vida, ya que estamos).
Por lo demás, y como era de esperar, recomiendo encarecidamente el prólogo entero.

