Categoría: Uncategorized

  • Lo que está

    El amor está siempre. Cuando está porque está; y cuando no está, porque está ausente.

  • Lo que falta

    He escrito aquí sobre el verano, sobre las plantas y sobre la gente que viaja en los trenes. He hablado de muchachas, de las propiedades de la materia, de relieves mesopotámicos y de playas. He mezclado recuerdos, patos, invenciones, neutrinos, avisos, discos duros, magia, zoológicos, tribunales y mareas. He reflexionado de muchos modos sobre la escritura.

    El amor está detrás de cada una de esas letras.

  • No importa cómo

    Cuando uno encuentra algo bueno, no es equivocado decir que era eso lo que estaba buscando.

  • Una aclaración

    No es, como tantos apresurados piensan, que el Blog Celestial de la Contemplación Perfecta esté abandonado. Ni mucho menos. Se actualiza. Un post nuevo cada 120 años.

  • «El enemigo es tonto:

    se cree que nosotros somos el enemigo, ¡cuando el enemigo es él! Cuando lo vuelvo a pensar me entra la risa…»

    Pierre Desproges.
    Al menos, así lo citaba John Brown en el número 56 de Archipiélago.

  • Si la cosa está yo estoy aquí

    La literatura que a mí me gustaría escribir, en su forma más pura, es esa que practican los niños cuando señalan con el dedo, durante el tiempo en que aún no hablan. ¿Los habéis mirado? Ellos ven la cosa —la que brilla, la que suena, la que está, la cosa alta, la lisa, la naranja— y la señalan. Uno, hecho a los gestos del adulto, se pregunta qué quieren de la cosa, pero no quieren nada. Es solamente que la cosa es, y es de ese modo, ahí. Una literatura de la ostensión. Una celebración de la cosa, y a la vez del niño. Si la cosa está ahí yo estoy aquí.

    Escribir de ese modo sería como dar con un camino de vuelta. Porque yo soy ya un habitante de una dimensión teleológica. Mi mundo es una trama de porqués. No se puede escribir pan luz agua mujer piedra, y ni siquiera he ahí una mujer agua como la luz y la piedra, casi ni una mujer sentada sobre la piedra inclina la cara sobre la luz del agua, sino que al escribir hay que ahondar su porqué.

    Si no, no vale. Si dices «aulaga» a un compañero silencioso, él se volverá y te preguntará por qué lo dices. Por nada, respondes. Pero se supone que lo dices para algo, no como un niño, no para manifestar la aulaga, su olor silvestre o su recuerdo, no para revelarla y celebrarla. La palabra no es una epifanía. Se dice por una razón. Viene al caso.

    Es más, parece que en eso consiste precisamente la literatura, en llegar al sitio de donde a mí me gustaría partir. La mejor literatura es una soberbia construcción que acaba manifestando de la profunda verdad de lo presente.

    Qué rodeo más largo; tanto trabajo para demostrar las cosas, las simples cosas que están ahí y que ya no comprendemos con que nos sean, sencillamente, mostradas.

  • Simbolia

    Acabo de ver un pato desde mi ventana, negro sobre blanco, recortado en el cielo lechoso de la tarde. Pensé en una letra o una nota musical, blanco y negro, la silueta moviendo largamente las alas. Luego he pensado en la caligrafía japonesa.

    En realidad, no sé si era un pato; yo no distingo más que los tres o cuatro pájaros de ciudad. Si hubiese sido una letra, entonces quizá hubiera dicho: mira, ahí va una garamond cursiva. O si hubiese pasado la palabra pato de derecha a izquierda, como en un salvapantallas celestial. Ah, pero los patos de la realidad, qué difíciles.

  • La existencia II

    Primavera verano otoño invierno: cómo se suceden las generaciones de los hombres.

  • La existencia

    Primavera verano otoño invierno, y así sucesivamente.

  • Sin perdón

    William Munny, «un reconocido ladrón y asesino, un hombre de disposición notoriamente viciosa e intemperada», llega al saloon de Skinny y se encuentra, colocado en la puerta a modo de trofeo, el cadáver lacerado de su mejor amigo. Dentro del saloon los hombres del pueblo se han reunido alrededor del sheriff, Little Bill, para dar caza a Munny. Él entra sin ser notado, hasta que se hace el silencio.

    (Little Bill se vuelve y ve a Munny, con el revólver levantado, mirándolo. Todos los demás miran también. Hay un momento tenso cuando lo único que se oye es el trueno afuera; entonces Munny levanta el rifle).

    MUNNY: ¿Quién es el dueño de esta pocilga? Tú. (Hace un gesto hacia Fatty). Habla, tío gordo.

    SKINNY (aterrorizado, detrás de la barra): Eh… yo soy el dueño de este establecimiento. Se lo compré a Greely por mil dólares.

    MUNNY (dirigiéndose a los que rodean a Skinny): Más vale que os apartéis de ahí.

    (Apunta el rifle hacia Skinny).

    EL GRUPO: Sí, señor.

    (Todos se mueven a un lado).

    LITTLE BILL: Quedaos quietos ahí. No os mováis.

    (Munny dispara a Skinny y lo mata en el acto).

    LITTLE BILL: Muy bien, señor. Es usted un cobarde hijo de puta. Acaba de disparar a un hombre desarmado.

    MUNNY: Bueno, debería haberse buscado un arma si pensaba decorar su saloon con mi amigo.

     

    Sin perdón (Unforgiven). Guión de David Webb Peoples; dirigida por Clint Eastwood. 1992.

     

    Por alguna razón que no alcanzo a entender bien, nuestra época piensa a veces que la debilidad es una virtud, y que como tal debe ser respetada. Soy débil, y por eso no tienes derecho a hacerme daño.

    Es una idea infantil, desde luego, una idea que se cumple solamente en los niños: sólo ellos son inocentes por ser débiles. Incapaces de hacer daño alguno, lo pretendan o no, su debilidad es perfecta. Si no pueden hacer daño, son siempre inocentes, y los inocentes no merecen ser dañados.

    De acuerdo: esto sí es un principio moral. Los inocentes no merecen ser dañados.

    Pero acabada la infancia, ser débil no es bueno ni comporta ninguna ventaja, excepto la de la simpatía ajena. Así que más vale no malgastarla haciendo daño, ya que ser débil, malvado y cobarde es, quizá, el peor de los panoramas posibles.

    Es cierto que el débil infunde lástima; por malvado que sea, cuesta dañarlo. Todos los hombres son débiles. Quizá haya que perdonar a todo hombre. Quizá. Pero semejante mirada de compasión inextinguible no es la mirada de un igual, la mirada de un ser humano a otro: es la mirada del que está muy arriba; la del amo, o la de Dios.

    Munny no se considera ni el amo ni el dios de Skinny, el dueño del bar. Le otorga la extrema dignidad del igual. Y por eso lo mata.

     

    [El guión en inglés de Unforgiven :
    http://www.clinteastwood.net/filmography/
    unforgivenscript.txt

    A falta de otra cosa, la traducción es mía. Disculpas.]