Categoría: Viajes

  • La hierbadiosa o mería

    Los marineros y la gente del puerto de esta ciudad aseguran que quien sabe encaminar sus preguntas acaba encontrando algún vendedor de hierbadiosa, o mería, con la que se hace una infusión muy deseable. No resulta especialmente aromática, y a la vista tiene un aspecto aguanoso y del todo común. Quien la toma nota pronto un calor repentino e intenso en los pies, el rostro y las manos, y a continuación una sacudida brutal de placer en su sexo que dura más o menos tiempo según la virtud de la yerba, pero que en todo caso supera al del coito. Dicen además que la sensación es algo distinta, aunque no se aclara de qué modo. El hombre o la mujer que la toma queda descoyuntado por el placer, y de nada recibe más gusto entonces que de permanecer largo rato en el mismo sitio, reposando.

    A partir de los relatos, no es fácil formarse una idea acerca de su precio. Quienes reconocen haberla probado, mientras lo cuentan, recuerdan para sí y sonríen, como aquel que está iniciado en un secreto.

  • Un gorrión

    Un gorrión picotea entre los hierbajos secos del patio trasero de una iglesia. Un cura delgado lo mira, apoyado en el quicio de una puerta. El cura recuerda las manos de su madre aclarando la colada, lejos, en el pueblo y en la infancia.

    Justo debajo de los saltitos del gorrión está soterrado un costurero de lata rojo con dibujos chinescos. Dentro hay varios mazos de cartas ajadas de novios antiguos; hay, además, una cinta azul de raso para el pelo, unas estampas coloreadas con escenas africanas, un anillo donde está escrito «para siempre».
    El gorrión se detiene con la cabecita ladeada. Tiembla por un instante el aire de los muertos; se hace un suspiro.

    El cura pensativo mira intensamente al pajarillo y amusga los ojos. Escucha los rumores del patio. Ha estado a punto, ha creído sentir, algo.