• Una pausa

    Tiro a la basura papeles y libros. Son cosas que me han acompañado durante mucho tiempo.

    Me siento a tomar un café y me los quedo mirando, esparcidos por el suelo. Se me viene a la cabeza aquel verso de Tolkien: «¿Y de ahí adónde iré? No podría decirlo».

    [«And whither then? I cannot say». http://www.cs.rice.edu/~ssiyer/minstrels/poems/4.html:

     

    The Road goes ever on and on
    Down from the door where it began.
    Now far ahead the Road has gone,
    And I must follow, if I can,
    Pursuing it with eager feet,
    Until it joins some larger way
    Where many paths and errands meet.
    And whither then? I cannot say.

    El camino sigue y sigue
    desde la puerta.
    El camino ha ido muy lejos,
    y si es posible he de seguirlo
    recorriéndolo con pie decidido
    hasta llegar a un camino más ancho
    donde se encuentran senderos y cursos.
    ¿Y de ahí adónde iré? No podría decirlo.

     

    La traducción al español es de Luis Domènech. Como dice el autor de la página de donde lo he copiado, «while Tolkien needs no introduction, I feel that his poetry deserves a wider audience than Middle Earth fan(atic)s» («aunque Tolkien no necesita presentación, siento que su poesía se merece una audiencia más amplia que la de los fan<ático>s de la Tierra Media»). Absolutamente de acuerdo.]

  • Escritura literaria: las reglas

    Cuando escribes, si unes las palabras en el orden correcto aparece una figura. Si no, no.

    [Calvin: ¡Menudo timo! Dicen que si conectas estos puntos sale un dibujo, pero mira: lo he hecho y es un puro lío.

    Hobbes: Creo que se trata de que los conectes en el orden en que están numerados.

    Calvin: Oh.

    Calvin: ¡Para todo tiene que haber reglas, reglas, reglas!]

  • En la consulta

    El paciente se está atando los botones de la camisa. Levanta la vista hacia el médico y pregunta:

    —¿Y ahora?

    —Ahora haga vida normal.

    El paciente se detiene y responde:

    —No sé

  • Asombro de la vida

    Lo asombroso es cómo la vida, que en lo esencial resulta perfectamente previsible y que sucede tal como nos habían dicho, no deja de maravillarnos cuando llega.

  • Afonismos II

    La lógica debería ser uno de los derechos humanos.

    *

    En los grandes juegos, el momento de comprensión —que a veces no llega— consiste en descubrir cuál es el juego.

    *

    Si no hay ninguna razón práctica para no creer en lo absurdo, entonces no hay ninguna razón que impida creer en lo absurdo.

    *

    Los españoles se dividen entre Prisa y la Cope, que es, digamos, como si los partidarios del cáncer de colon se opusiesen a los del cáncer de páncreas.

    *

    Mensaje:
    Sabed que hay un cielo para las personas que no conducen automóviles.

     

    [Afonismos I]

  • Escritura

    La mayoría de la gente dice que escribir es bueno, que la literatura es buena. Yo, en cambio, siento que algunos textos son mejores que no escribir.

  • El verano

    Hablo por teléfono con una amiga que está en Granada, de visita. Se ha acercado a ver la casa junto al Darro donde vivió algunos años. Le pregunto qué tal se lo está pasando, qué tiempo hace, cómo ha encontrado la ciudad. Me dice: «Huele a higos, como al final de todos los veranos».

  • Ser

    Hubo un tiempo en que yo quería ser escritor. No es que ya no quiera; es que no se me alcanza por qué me entraron ganas de ser yo una cosa, escritor o lo que fuese.

    Henry Miller, en una de sus cartas a Lawrence Durrel, le escribía: «Por consiguiente mi intención era, yo lo he dicho, simplemente escribir. O ser escritor, más exactamente. Bien, lo he sido. Ahora lo único que quiero es ser».

    Borges le hizo decir a Shakespeare, al encontrarse frente a Dios: «Yo, que tantos hombres he sido en vano, quiero ser uno y yo».

  • Agosto

    En agosto, incluso el corazón más triste y pobre puede dejar que la tarde de verano se derroche en el cielo. Va manando la luz despacio, sin mengua, hasta que se hace oscuro. Por las ventanas abiertas entran las voces del barrio, mitigadas.

  • Consejos para viajar en metro II

    Un hombre joven con una camisa gris de verano y pantalones cortos sube a un vagón del metro en una parada intermedia de la línea. Al cabo de un par de estaciones acaba por comprender que el resto de los pasajeros, digamos que veintitantos, estaban en algo que él ha interrumpido. Se encuentran dispersos por el vagón de un modo casual; no comparten ni la edad, ni el vestido, ni la fisonomía, ni la raza, pero no cabe duda de los liga algún tipo de colusión. Las miradas que apenas se esfuerzan en disimular, una chica que de pronto tararea una tonada, cierto humor socarrón que flota en el ambiente: es imposible equivocarse. ¿Y ahora? La siguiente parada parece que no llega nunca. En adelante, esperamos averiguar qué le pasa al que ha irrumpido en medio de esta gente. Lo hemos visto entrar en la situación y habremos de ver cómo sale; a eso es a lo que nos tiene acostumbrados la narrativa actual. Un desperdicio. La historia que vale la pena ver es lo que hacían esas personas juntas en un vagón de metro antes de que él entrara.

     

    [Consejos para viajar en metro I]