• Letanía por Srebrenica

    Hoy (mejor dicho, el martes 15 de julio que acaba de terminar) ha escrito Hermann Tertsch en El País uno de los artículos más hermosos y necesarios que yo haya leído en estos últimos años. Trata de las muertes de Srebrenica y de nosotros. Habla de la memoria, de los principios morales y del coraje para defenderlos.
    Tertsch se sirve de una imagen para enhilar su discurso: la del poeta Jaroslav Seifert volviendo a ver en sueños a un amigo asesinado durante la ocupación nazi: «Veía los gestos familiares de sus manos, pero cuando quería dirigirme a él, se marchaba hacia su oscuridad», escribía Seifert. Y luego: «No soy muy riguroso cuando digo que los muertos vienen a nosotros. No es así. Eso es un engaño que nos hacemos porque en realidad somos nosotros los que vamos hacia ellos. Cada día estamos más cerca. Un día engrosaremos sus filas y entraremos en los sueños de quienes dejamos atrás».

    Es un pensamiento delicado, extraño y verdadero. En todo caso, el artículo no trata de Seifert y de su memoria. Trata de política. Y Tertsch acaba así, con esta advertencia que yo procuraría recordar: «Si no logramos creer lo suficiente en nuestra identidad como seres libres y sociedades abiertas, seremos incapaces de frenar a quienes saben muy bien ser enemigos con causa, y si nadie entre nosotros, ciudadanos libres en la sociedad humana más próspera y piadosa jamás habida, es capaz y está dispuesto a sacrificarse por ella, es probable que hayamos definitivamente perdido el derecho a vivir en ella».

  • «No obstante,

    en la sangre humana existe una marea, más bien una corriente marina, que de algún modo se asemeja al crepúsculo, y que nos trae rumores de belleza, aunque sean lejanos, lo mismo que en el mar encontramos madera flotante procedente de islas no descubiertas todavía. Esa corriente primaveral que azota la sangre humana procede de la fabulosa cuarta parte de su legendario y antiguo linaje, y nos arrastra a los bosques y a las colinas, y nos hace prestar oídos a la vieja canción.

    Lord Dunsany, La novia del hombre caballo. Traducción: Juan Antonio Molina Foix. [En inglés (en The Book of Wonder): http://www.gizmology.net/lovecraft/works/super/ wonder.htm]

  • ¿Me sentirán mis flores,

    tal como yo pienso en ellas?

  • «Estar solo no es nada, Mendieta.

    Lo malo es darse cuenta».

    Inodoro Pereyra, el Renegau, a su perro Mendieta.

    [La web de Fontanarrosa: http://www.negrofontanarrosa.com/]

  • Mi tío

    Vengo del cine de ver Mi tío, de Jacques Tati, una película que en 1953 destrozaba con humor político el síndrome de la idolatría por la modernidad. Llama la atención notar que lo moderno, lo que tenemos por moderno, apenas ha cambiado en estos 50 años. Mientras que el barrio castizo del señor Hulot (el personaje de Tati), si es que ha sobrevivido, será hoy un pulcro barrio pintoresco, y los franceses cachazudos, conversadores y alegres que lo habitaban se habrán convertido en europeos ordenados y precisos, en cambio las cosas que en la película se nos muestran como intrínsecamente modernas siguen pareciéndonos muy modernas, el colmo de lo moderno.

    Nuestra modernidad, sospecho, igual se nos está haciendo un poco vieja.

  • Estirpe

    Animales Cordados Vertebrados Tetr�podos Mam�feros Terios Euterios Primates Antropoides Hominoides Hom�nidos Homo Homo sapiens Homo sapiens sapiens

  • Punto de vista

    Cuando el gato no est�, los ratones bailamos.

  • La identidad del monstruo es incierta

    En la sala del antiguo Oriente Medio del British Museum vi esta primavera un relieve mesopotámico traído del templo de Ninurta. Aparecen en él dos figuras algo confusas; un cartelito, a su lado, le da el título de God and Monster. Se supone que el dios es Ninurta, quizá el Nimrod de la Biblia, el tremendo cazador.

    El cartelito se explica por un espacio acerca de estas cosas y, por último, sucintamente anota: «The monster’s identity is uncertain». Pensé que era verdad; una verdad general. En efecto, la identidad del monstruo es incierta.

  • «… aunque los adivinos

    que frecuentan las plazas están muy desprestigiados y las personas que adoptan un aire grave y fruncen el entrecejo los tachan de pordioseros, charlatanes y embaucadores, yo, sin prestar crédito a esta acusación, me he tratado con ellos por espacio de muchos años en las ciudades y en las fiestas públicas de Grecia, y también en Asia, en Italia y en las islas más grandes y populosas, deteniéndome a escuchar antiguos sueños y sus consecuencias».

    Artemidoro, La interpretación de los sueños (Gredos, p. 5). Traducción de Elisa Ruiz García.

  • Un secreto:

    Uno es lo que está siendo.