�Si nunca desaparecieran

las gotas de roc�o en Adashino, si se mantuviera siempre inm�vil el humo de la colina de Toribe y vivi�semos eternamente, sin cambiar, �nos podr�a conmover el encanto fr�gil de las cosas?

Kenko Yoshida (s. XIII), Tsurezuregusa. Ocurrencias de un ocioso (Hiperi�n). Lo cita Francisco Calvo Serraller en �Fr�gil�, en el Babelia de hoy.


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *