Septiembre

Acostado en mi cama, a oscuras, oigo pasar el viento, y el olmo que se eleva hasta mi ventana rasca sus uñas contra la pared. Sé que muy lejos de aquí, un viento como este rompe las olas sobre arenales largos, solitarios. Al llegar la mañana, al cabo de unas horas, en cualquier playa entre Cantabria y Bretaña la luz será gris, las nubes altas, y el viento desordenará las hierbas sobre las dunas. Un día de nubes y grandes mareas equinocciales, maderos blanqueados y algas secas por toda la orilla. Todavía hoy, 10 de septiembre, habrá alguien —un español pensativo, supongamos— paseando descalzo, con la playa entera casi sola para él. Ese hombre no seré yo, cuando despierte, y ese conocimiento me inunda de nostalgia. Siempre es lo mismo, alguna noche por estas fechas, todos los años.


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *