Inteligibilidad

Soy un cuerpo sensible enganchado a una armaz�n l�gica destinada a detectar patrones: espirales, c�rculos, aglomeraciones de puntos, desviaciones sobre la regularidad de un fondo. Yo estoy sentado. Una conocida m�a se ha echado un novio al que adora, lo que lleva a su marido a alejarse de ella, pero ella no quiere perderlo. El que me cuenta esta historia, por su parte, est� casado, y hace todo lo posible por unirse a la mujer de su relato y dinamitar ese grupo de vidas. Otro ha perseverado en cierto prop�sito durante quince a�os y ahora lo deja porque acaba de ocurr�rsele una cosa. Salgo de ver una pel�cula de un hombre que cultiva flores de agua; me dicen que alguien ha muerto lejos, y tengo que esforzarme en recordar su cara. Algunos rezan mantras, �ltimamente. Hay quien vende el coche y se marcha a vivir al campo. Luego vuelve a hacer fr�o y me telefonea otra amiga, que no me sorprende. Los est�mulos se mueven, se acercan y se alejan. El viento estremece las hojas de mi �rbol en la ventana. Estos movimientos dejan estelas en la oscura superficie lisa, como un brocado de volutas de humo, como un laberinto arr�tmico, y �a lo que iba� no es que haya nada que entender en la vida, o nada que yo anhele entender, sino que la m�quina l�gica, despierta y durmiendo, intenta cosechar esquemas, patrones, figuras. Como si fuese un robot con alma, a ratos me hago a un lado y trazo dibujitos simples sobre la arena, s�lo por el placer de descansar en el amor de las formas.


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *