He comido ensalada de garbanzos y pimientos verdes, como te vi hacerla un día.
A veces imagino que estoy sumergido en una playa de poco fondo y de arena clara, como un vaso transparente. Hay plantas submarinas.
La gente se echa a andar por la calzada.
Ayer, a las cuatro o las cinco de la tarde, la luz destellaba. En la puerta del supermercado, a la sombra, una mendiga se había quedado dormida con su niño dormido también, sobre el regazo. El viento caliente le agitaba el pelo y hacía rodar el vaso de plástico por el escalón de la entrada, dibujando círculos. La calle estaba en silencio.
Duermo con la ventana abierta. Anoche pasé frío. Vienen a la cama todos los ruidos de la noche de la ciudad, pero voy entrando en el sueño y oigo fantasmas de ciudades imaginarias, o de otro tiempo.
Me paso el día solo.
Había un hombre delgado, planchado, con camisa de cuadritos azules y el aire de un tonto de pueblo. Esperaba ante el semáforo con pulcritud. Llevaba un pajarito verde y blanco posado en la nuca, sobre el cuello de la camisa.
He fregado las baldosas blancas, así que ahora puedo andar descalzo.
Te mando recuerdos.

Deja una respuesta