A ella le gusta el sonido del azúcar al caer dentro de la taza. Un sonido pequeño, más leve que cuando la espuma se deshace, como cuando un pie pisa la arena. Está la cuchara colmada encima del café; la vuelca y ves caer el azúcar, y entonces sí, se oye ese ruidillo, ese suspiro de la materia. De tales cosas pequeñas, la vida.

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