En el país de los tres cerditos no hay asunto más importante que la técnica de construcción de viviendas, como es natural. Uno llega allí y se encuentra en el brete de escoger bando. En abstracto, no hay duda de que la opción idónea es el ladrillo o la piedra, opina el viajero. Pero claro, eso de poco sirve, ya que no se construyen casas en abstracto. Todo depende. ¿Se construye sobre arena o sobre roca? ¿Es una zona sísmica, el país de los cerditos? Porque en ese caso, sería mala idea dejar que varias toneladas de ladrillo y tejas te aplasten una noche en tu cama. Pero antes que nada, decidme, ¿hay en este país bosques, canteras, hornos para cocer la arcilla, es el clima demasiado seco o lluvioso para edificar con paja? ¿Y el lobo? Contadme algo del lobo.
Los cerditos son gente apresurada: ¿va a vestirse esta camiseta con el emblema de un ladrillo que un cerdito ardoroso sostiene ya entre las manos, o no? Bueno, dice el viajero, yo creo que no es incompatible una inclinación de principio por la construcción sólida con una decisión final en otro sentido. Los cerditos contemplan al viajero como si fuese un monstruo desconocido. Los bandos de los cerditos se muelen a palos. A los cerditos se les llenan los ojos de lágrimas por la memoria de los cerditos que se fueron dentro de sus camisetas. De qué habla éste.
Lo que quiero decir, dice el viajero, es que la respuesta correcta a vuestra pregunta es «según». Se trata de preguntar a la realidad. Pero no hay camisetas de «según» en el país de los cerditos, que a estas alturas ya no le hacen caso porque cerca de allí ha estallado una reyerta tumultuosa. Dientes rotos, ojos morados, cerditos despeñados desde los puentes y los campanarios. El viajero empieza a desear que todos los cerditos se vayan a tomar por el culo, que se los coma el lobo.

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