El otro día estuve en medio del campo de Castilla. Desde que tengo recuerdo he ido y he venido a través de Castilla (para ir de mi tierra a casi cualquier sitio hay que subir al otro lado de las montañas y cruzar Castilla), pero creo que por primera vez en mi vida he andado a solas, no por una carretera ni por una vía de tren, sino con el trigo a los dos lados hasta el horizonte.
Fue el último día de sol de primavera. No había un alma en la distancia y no se oía otra cosa que el viento fresco que sonaba en los oídos, al final de la tarde. Sentí que era un sitio profundo donde uno podía sentirse alegre y libre. Me recordó al mar, tan lejos.

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