Descubrimiento

El otro día estuve en medio del campo de Castilla. Desde que tengo recuerdo he ido y he venido a través de Castilla (para ir de mi tierra a casi cualquier sitio hay que subir al otro lado de las montañas y cruzar Castilla), pero creo que por primera vez en mi vida he andado a solas, no por una carretera ni por una vía de tren, sino con el trigo a los dos lados hasta el horizonte.

Fue el último día de sol de primavera. No había un alma en la distancia y no se oía otra cosa que el viento fresco que sonaba en los oídos, al final de la tarde. Sentí que era un sitio profundo donde uno podía sentirse alegre y libre. Me recordó al mar, tan lejos.


Comentarios

2 respuestas a «Descubrimiento»

  1. No he estado nunca en Montana, pero pertenece a mi territorio de ensoñación, como decías tú de esos lugares en los que uno piensa aunque lo más probable es que no vaya nunca. Y digo Montana porque lo imagino como uno de esos espacios abiertos que por aquí no abundan, o yo no los conozco, claro. Supongo que Castilla, así en general, es uno de esos lugares, por lo que conozco de cuando caminamos en el Camino de Santiago. Y el mar es otro.

  2. Creo que lo que convierte estas experiencias, a veces casuales, en algo más es el hecho de estar allí solos, y de que las cosas que componen esos paisajes tengan una presencia apabullante. Y que tenemos, a cierta edad, algo así como una memoria estética y emocional.

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