«… mascullé, a duras penas. Ella me miró como si tuviera rayos X en los ojos». Lo va leyendo a mi lado una mujer en el metro. Y es un libro bien impreso, gordo, de papel agarbanzado y letras redondas y claras. A mí me parece muy bien que la gente lea esas cosas; yo también las leo y a veces disfruto mucho. Pero escribirlas… ¡Señor, las humillaciones por las que hay que pasar para escribir una novela!

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