Junio y los cambios

A lo largo de este mes he mirado mucho la luz de los días, inmutada en el cielo, transparente. Una luz que perdura en lugar de la noche.

Con los años, mi atención se ha ido yendo de la figura al fondo, sin saber por qué. Hacia el paisaje, a lo demás, a las circunstancias. Es como un hombre que se sentase en una grada a contemplar un juego; que empezara a mirar alrededor, a mirar abajo, arriba; que perdiese de vista las cabezas y los cánticos y que mirase con placer —con asombro— las nubes que pasan por el cielo, una bandada de pájaros, el viento en las hojas, cosas de esas.

Algo así, cada vez más con los años. Este junio he llegado a pensar que mirando la luz miraba algo: es el suceder del mundo lo que veo; es el tiempo lo que pasa. No sé. Qué extraña ocurrencia, en todo caso. Fijarse así en las cosas, corrientes y mondas, como si estuvieran diciendo, haciendo algo.


Comentarios

2 respuestas a «Junio y los cambios»

  1. Creo que cuentas una manera de mirar, que además me interesa y me es familiar. Sabes que «las cosas, corrientes y mondas», hacen y dicen algo, lo que cuesta es escucharlo. En fotografía creo que las fachadas de las casas, las paredes, las cosas, en general, «dicen», aunque solo al que sabe escuchar, eso es lo difícil.
    Un abrazo

  2. Sí, creo que soy capaz de verlo en tus fotos, justamente eso, y es algo que me asombra.
    En alguna parte del blog, hace mucho, copié una cita soberbia de Schopenhauer: que se debe tratar a las cosas como si fuesen reyes; hay que esperar a que ellas se dirijan a ti primero.

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