Una vez en mayo

Una vez en mayo, hace mucho tiempo, me ocurrieron cosas felices. Los días eran limpios y la luz se detenía en el cielo, como ahora. Este aire sonoro, este verde vivo y este sol son iguales; por eso me ha vuelto el recuerdo.

Reconozco también las espigas y las nubes de Castilla, las mismas amapolas. Al volver a casa, de madrugada, sopla una brisa perfecta. El río baja crecido; por todas partes hay cuentos y canciones. Hay cigüeñas. Siguen escritos aquellos mismos versos.

Así pues, ¿qué fue del mayo aquel de juventud? ¿Qué se ha hecho de los días de entonces? Míralos: todo es igual. Ahí siguen.


Comentarios

2 respuestas a «Una vez en mayo»

  1. Me gusta cómo escribes, cuentas las cosas, sólo aparentemente, sin más. En el patio interior de mi casa, unos treinta metros, tenemos desde hace unos veinte años salamanquesas, unos pequeños animales parecidos a las lagartijas, que se dejan ver sólo en verano. Cuando mi hijo e hija eran pequeños, incluso adolescentes, las salamanquesas, porque había varias y de diferentes tamaños, tenían nombre. Ayer las volví a ver y pensé que son las mismas de cada año, algo imposible. Pero también es imposible que, a veces, piense que mi hijo, 27 años, soy yo, otra vez.
    Un abrazo

  2. Hola, José Luis. Caramba, qué buena historia.
    Por cierto, ¿te puedes creer que anoche justamente me he encontrado una salamanquesa en mi terraza? Es que estamos cerca del centro de Madrid, así que para mí es un fenómeno. Las habré visto cuatro o cinco veces en 20 años. Es un bicho que me fascina, porque yo creo que en Cantabria no los hay. Al menos, yo nunca las vi hasta una noche en Sevilla.
    Un abrazo. ¡Y gracias!

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