junio 2018   (1 post)

Antes los días eran más largos

Cuando yo nací los días eran más largos; podrían durar el doble o el triple que ahora, no sabría decir con exactitud.

Por aquellos años, el agua del mar era verde clara y no estaba tan fría. Los animales te hablaban con una voz razonable, como el que ha vivido mucho en esta vida. Los extraños eran amistosos; los automóviles se conducían solos. Por toda la ciudad crecían jardines: el rincón donde una mujer había plantado una mata de fresas, el alcorque con un solo girasol, el cementerio bajo los tilos, enormes quintas de indianos pobladas de melancolía. Se cultivaba una rosa cuyo olor inspiraba recuerdos ficticios, pero vivaces como una herida.

La música acompañaba al engranaje del mundo. Al girar las estaciones, sonaba una música; al soplar el viento, sonaba una música; había música en los viajes de los barcos, en las estrellas, en los pájaros, en el sucederse de la noche y el día; música en los ríos y música en la lluvia que los hacía correr y en las mareas, y tú podías atender a una u otra o escucharlas todas a la vez, como una armonía.

Por aquella época construyeron el arco de piedra que cruza el fiordo. A la lancha tranvía le llevaba una mañana recorrer los canales desde el muelle del arco al Colegio de Astrónomos y volver. La gente le tiraba monedas y flores por divertirse.

Nunca llovía por la mañana, lo que suponía una gran conveniencia.

Hay que decir que los peligros eran inmensos, aunque se avisaban con anticipación y redundancia. Los doctores fumaban como antorchas. La corriente eléctrica fallaba a menudo, la moneda era débil y las máquinas no tenían pensamientos.

Era un mundo romántico. Lo que nunca había llegado a ser se confundía en la bruma con lo que había sido.

Detrás de la ciudad se abría el campo. Saliendo por la puerta del Este, la carretera se alejaba entre cereales rubios y colinas azules en la distancia, y más allá, bajo una nueva música jamás oída, desaparecía en el desierto ilimitado, principio de un universo ignoto que aún no había llegado a las páginas de los libros, en aquellos días por escribir, tan largos, mucho más largos de lo que son ahora.

 

[Antiguamente las cosas no eran como ahora:
http://avellana.neunoi.com/2016/08/antiguamente-las-cosas-no-eran-como-ahora.html
El camino:
http://avellana.neunoi.com/2005/03/el-camino.html]

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