El primer día de primavera abrí para airear la casa y lo que entró fue una mañana de sol en una playa del norte. Mañanas luminosas, preservadas como paisajes dentro de un cristal, que tiemblan cuando una ráfaga de aire revuelve las habitaciones de la memoria.
*
El cerezo ha vuelto a dar flores. Ahí está su blancura, su olor leve. El mundo permanece.
—¿Y después, qué?
Pero no cabe preguntar después a la flor del cerezo.
La flor del cerezo es todo lo que se necesita.
*
De pronto, el rosal tenía hojas nuevas a la vez que hojas viejas. Al verlas juntas, pensé: «Mira, como yo».
Qué primavera verían las plantas si me mirasen a mí. Qué se dirían: «Mirad al hombre, que le ha llegado la primavera».
*
El día de san Patricio estuve afuera; presté atención a la caída de la luz hasta que se acabó. Lo anoté. La primera consciencia del día. Como si despertase del invierno.
*
Esta conmovedora cita de Michaux:
No me den por muerto porque los diarios hayan anunciado que ya no estoy. Me haré más humilde de lo que soy ahora. Será preciso hacerlo. Cuento contigo, lector, contigo que me leerás algún día, contigo lectora. No me dejes solo con los muertos como un soldado en el frente que no recibe cartas.
(Las cursivas son mías).
*
Empiezas a escribir «oh día de primavera» y después ya te da un poco igual lo que siga. Porque no puedes saltar por encima de ese artefacto extraordinario que te permite hablarle de tú a tú a un día de primavera.
*
Para no decir frases vacías, el último recurso es apuntar con el dedo. Imaginemos un caso de duda muy grave, una duda como una inundación. Flotando contigo, como trozos de madera en un río desbordado, bajan algunas cosas que uno ve, y sobre cada cosa viene a posarse su palabra. Son cosas que indudablemente están ahí, que tú ves. Basta señalarlas con el dedo. Digamos sol, pájaro, cerezo. Recuerdo, primavera.
La palabra que nombra estas cosas nunca está vacía. La puedes decir. A partir de ahí ya se puede reconstruir un universo.
*
Al borde de la noche, las pétalos del cerezo fosforecen con un palor sobrenatural.
Solo se ven las flores del cerezo, en medio de la oscuridad, como una constelación de primavera.
Si las unes con líneas, la figura que resulta es el croquis del mundo.
[Henri Michaux. Antología poética 1927-1986. Adriana Hidalgo editora, 2002. La traducción es de Silvio Mattoni.]

Responder a Beauseant Cancelar la respuesta