La belleza

El ocaso por detrás de la montaña, la montaña en el espejo del lago.

Cede el calor del día. Unos patos lentísimos trazan estelas rojas en el agua de plata. Cruzan nadando de parte a parte, despacio como el tiempo.

La tarde de verano se consume hasta el púrpura.

Quizá yo, alguna tarde tranquila, oyendo una música, o recordando unos versos antiguos, o comparando las formas distintas de las espigas, inocente, descuidado del tiempo, haya dibujado sobre el espejo del mundo una estela perfecta de felicidad moral, visible durante un rato desde un punto situado un poco más alto, como ocurre ahora.

No sé si eso me justificaría. Al mundo sí. La belleza del mundo vale la pena.


Comentarios

4 respuestas a «La belleza»

  1. Hay belleza en el mundo, sí, gracias por no permitir lo olvidemos. Contribuir a ella debería ser nuestra máxima aspiración, como haces tu con tus palabras.

  2. Hola, Beauséant. Gracias a ti, de veras. ¡Mil gracias!

  3. Hay un momento cada verano, cuando la luz se vuelve redonda y nítida y el dolor de lo que se abre tiene algo de elegía, donde corro a buscar lo que queda de aquella que fui entre las hojas, la brisa. Y no importa cómo sea, siempre vuelvo también a este lugar, desde hace yo qué sé, tal vez, una veintena de años.
    Gracias por esa persistencia: ya no somos aquellos – y sin embargo.

  4. Hola, Lau. Me alegra mucho verte. Me gustaría mantener este lugar cien años. Y durante cien años tú vendrías.

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