Hoy se me ha ocurrido una historia extraña. Se trata de un hombre que sufre una vuelta de la fortuna y que sobrevive agarrándose al pensamiento de las cosas que aún conserva. Después le llega otra derrota, otro fracaso, y otra ruina, y otra, y él se encierra sucesivamente en su cadena de renuncias, cada vez más inerme y zarandeado, acercándose a los ojos lo que todavía le queda: la salud a medias, el abrigo de lana, el cielo despejado, su mala vista, la habitación en que se guarda del invierno, un insecto al otro lado del cristal, esas cosas.
El quid del asunto consiste en contrar esta caída por una escalera de miseria como si el hombre fuese crecientemente un héroe.

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