Poco a poco voy haciéndome viejo, pero, por la razón que sea, aún no lo he conseguido del todo. Cuando me salga bien y sea viejo viejo, entonces instruiré a los jóvenes en el pensamiento crítico mediante este lema: «¿Cómo va a ser verdad, si está de moda?».
Categoría: Ficciones y prosas
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Un consejo
El verano es la estación del ahora.
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No sé
Me doy cuenta de que muchos de los posts que he escrito en esta página están tejidos alrededor de alguna clase de pregunta, visible o implícita, que es lo que ocupa el lugar del centro. Veo también que no se trata de una disposición retórica, sino que, de verdad, escribo así porque es lo que me queda, después de haber ido perdiendo mis afirmaciones.
Escribo narrando mis preguntas. Si se me permite volver a usar esta metáfora, diría que he desarmado el mecanismo de la máquina y cada vez que escribo es como si señalase con un gesto de la mano las piezas colocadas encima de un trapo blanco, para considerar la peculiaridad de una forma, o como si propusiese encajar unas cuantas que componen un grupo. Después de tanto tiempo aquí sentado en el mundo, no tengo ni puta idea de nada, por decirlo con menos literatura.
Entretanto escucho a Bach como si respirara o buceara. Eso nunca me había pasado antes. Me gusta Bach, claro, pero no soy —o no era— de esa clase de gente, y de ahí que tampoco pueda decir por qué lo hago. A veces el sonido es tan bello que parece que te sacudiese con suavidad tomándote de un brazo, o que topase insistentemente su cabeza contra tu hombro, yendo y viniendo, como un gato.
Así que escribo, entretanto, con preguntas. Porque si algo creo estar empezando a aprender —y esto sí se parece a una aserción, ahora que lo pienso— es que la escritura va en primer lugar, y después el texto. Uno pone las letras, primero, y entonces el texto aparece razonablemente sobre la página. Uno no aguarda al qué, porque el qué no llega hasta que se escribe. Es como si, para acertar con el rostro exacto que tendrá tu hijo, esperases a que un día llamara a tu puerta.
A algunas personas como yo, muy pensativas, alcanzar estas pequeñas conclusiones nos cuesta un triunfo. Pero me repito; así empezó todo, hace un año, al principio de los tiempos:
https://avellana.neunoi.com/2003/06/principio.htmlO, si se prefiere, haciendo arqueología:
http://web.archive.org/web/20030714173608/https://avellana.neunoi.com -
Me pregunto
si es lícito el deseo de evitarse algo obligatorio para todos los hombres.
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Sucessus textor amat
Al hilo del post anterior, hablaba con Ike en los comentarios acerca de que quizá sea esta la primera vez que el común de la gente va a dejar detrás de sí recuerdo escrito de su existencia. No una persona señalada —un escriba, un grabador, un pensador, un monje—, sino la gente misma. Si la Historia comienza con la aparición de la escritura, entonces podría decirse que de algún modo es ahora, con Internet, cuando los individuos empezamos a entrar en la Historia (y si eso suena emocionante, aclaro que se trata de un efecto indeseado).
Todo ello es verdad de modo genérico, ya que, en cambio, ha habido infinidad de casos particulares en los que individuos del común han dejado escritas huellas de su paso por el mundo. Mientras escribía a Ike me vino a la cabeza una inscripción que me hicieron traducir hace mucho tiempo en una clase de latín vulgar. Se trata de un grafiti en una pared de la ciudad de Pompeya, que dice:
Sucessus textor amat coponiaes ancilla,
nomine Hiredem, quae quidem illum
non curat, sed ille rogat, illa comiseretur.«El tejedor Suceso ama a Hiredes, la criada de la tabernera, que no le hace caso; pero él le ruega, y ella se apiada».
Es una historia muy antigua y, por lo que sabemos, termina bien. Lleva dos mil años en aquel muro, pero podrían haberla escrito esta mañana. -
Sonría para la posteridad, por favor
Desde la perspectiva del futuro, un blog funciona como una cámara de vídeo a la puerta de un banco: graba la vida minúscula de nuestras sociedades que acierta a desfilar por delante del pequeño cuadrado de la página.
Es muy probable que un día venidero los historiadores hurguen en servidores como Internet Archive, por ejemplo, para recomponer el paisaje sentimental y social de este siglo, uniendo muchas páginas en una inmensa labor de retazos hasta formarse una idea de lo que fue esto.
Así que sonríe: el futuro nos está mirando.
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All of me
En una esquina de un trasbordo muy largo entre dos paradas del metro de Madrid se ponía un hombre con un saxo que tocaba All of me con una perseverancia maníaca: al menos, yo nunca lo vi tocar otra cosa. La música reberberaba tan fuerte en aquel recodo de techo bajo que podías cruzar los quince metros de corredor cantándola a voz en grito sin que nadie se diese cuenta:
All of me
Why not take all of meDebe de ser la canción triste más alegre del mundo. Quince metros de luz todos los días en un pasillo bajo tierra:
You took the part
That once was my heart
So why not take all of meEl hombre hace tiempo que ha desaparecido. Si mi vida fuese una comedia con final feliz, un día volvería a encontrármelo tocando Muskrat Rumble; entonces yo cogería un banjo y me sentaría a tocar a su lado para siempre.
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Cercanías
I
El viajero del tren de cercanías no debe conocer el nombre de las plantas que ve desde la ventanilla. Como ha llovido y llovido durante el invierno, lo que suelen ser campas gredosas, pedregales y baldíos está tapado ahora de una hierba verde espesa iluminada por vastas manchas de colores: amarillo, azafrán, violeta, rojo. Las rojas son amapolas del color de la sangre que se abren por cualquier rincón —sobre los cascotes de una obra, entre el balasto, al pie de una tapia— con una belleza inverosímil.Aparte de ellas, no sería razonable nombrar las otras flores, ya que este es un tren urbano y en el espacio de la ciudad solo hay plantas y hierbas, nada más.
II
El primer día después de los atentados del 11 de marzo, por los andenes entre Alcalá y Atocha comenzaron a aparecer, en cualquier lugar fuera del paso, modestos recados memorativos: notas manuscritas, fotos, flores, velas rojas; arrimados a una farola, por ejemplo, o pegados a esos postes metálicos que sostienen las catenarias. Creí que durarían un día o dos, pero prevalecieron, mojados y arrugados, cada día más nutridos.Me pareció que se trataba de una especie de conversación, un tanteo o un balbuceo para expresar lo invisible; un esfuerzo inarticulado por hablar, sirviéndose de las cosas, acerca de lo que es más grande y no se puede decir.
Enseguida se fueron organizando en unos pocos rincones hasta formar una suerte de altarcillos protorreligiosos tirados en el suelo. Todavía pueden verse algunos por el camino, salpicados de velas rojas. No los entiendo, y sin embargo los miro con respeto y simpatía. Supongo que la razón no puede dar cuenta de estos objetos que participan de la naturaleza del símbolo.Sospecho que si arrancásemos toda religión del mundo volvería a brotar aquí y allá, como la hierba.
III Memoria
Las velas encendidas en los andenes de Madrid se irán apagando una tras otra, y cuando se haya extinguido la última ya sólo seguirán ardiendo en mi memoria. Un día yo me apagaré también, pero antes arrimaré mi frente a otra frente para prender la llama en ella y que esta sangre de marzo nunca se olvide. -
Enfoque
A rachas el pensamiento se vuelve vagabundo, desvaído; no lo atrae nada, flota. El pensamiento piensa, pero muy generalmente. Al cabo de unos días así, se puede hacer un ejercicio de foco. Fijarlo. Pensar, por ejemplo, en un gecko tan largo como el dorso de una mano, con la silueta nítida de su cola, sus dedos diminutos palmeados, el lomo verde lima y escarlata.
El olor frutal del aceite de oliva crudo.
El crotorar de una cigüeña, que nunca se olvida.
La nuca de la soldado que ha subido al tren, sus trenzas rubias recogidas bajo la gorra.
Esos crujidos que se oyen en el silencio crepuscular de los cementerios.
Un guijarrito de vidrio devuelto por el mar, redondo, suave como una piel, traslúcido.
Las mejillas de mi sobrino, tan blancas que dejan trasver el riego azul de las venas.
Tantos mosquitos como gotas estrellados contra el parabrisas.
Un píxel.
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Explicación
Mi casa se extiende por ene dimensiones, que es donde están todos esos medios pares de calcetines.
