Este post trata de los curiosos efectos de la autorreferencia.
Categoría: Ficciones y prosas
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Un rayo misterioso
Mi primer oficio verdadero, como sucede a menudo, lo viví como un largo exilio: de la adolescencia que se había despedido; de lo que yo quería hacer; del propio hilo de mi vida, que había extraviado.
Una noche de verano, a las tantas, unos cuantos empleados hacíamos en un salón apolillado el último descanso de toda la jornada, el más triste. Las ventanas estaban abiertas; abajo, en la terraza, unos músicos lánguidos, como nosotros arriba, esperaban el final de la noche. En un momento dado, empezaron a tocar una canción desconocida que se fue alzando despacio por encima de los toldos de la terraza que daba la playa, movió las cortinas de nuestro salón belle époque desvencijado, flotó por encima de los cuatro o cinco que a aquella hora yacíamos en silencio por los sillones de cuero y se instaló en el aire fragante de la habitación con una desesperada melancolía.
Había allí un compañero uruguayo con el que me llevaba bastante bien, igual porque él era pintor como yo era secretamente otra cosa. Me miró la expresión de la cara y me preguntó si no conocía la música. Yo le contesté que no. «¿Nunca has oído esta canción?». Y se puso a cantar a media voz la letra, que pareció durar una eternidad. Mientras tanto, nadie dijo una palabra ni levantó los ojos.
Nunca como aquella noche he sentido así la añoranza de lo que no ha sido. Pensé, anegado de congoja, que nunca me había hallado tan lejos de todas las cosas buenas de mi deseo; que fuera existía todo un mundo que ya no era para mí.
Con el tiempo, salí de aquel sitio, anduve un poco y me hice con la pequeña parte de aventura y de belleza que me cupo. Me enteré de que la canción era un tango, o casi un tango, la escuché en la voz de Gardel y me aprendí la letra ripiosa. La canción era El día que me quieras. Hoy día resulta banal, claro, pero algunas veces, como esta tarde, la escucho a lo lejos y veo dónde estoy porque me hace recordar de dónde vengo.
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Llueve
En la tierra donde nací llueve siempre. Llueve hasta en el recuerdo.
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Filosofía
Si supiésemos qué es lo que hay que preguntar, no necesitaríamos la respuesta.
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Aprendizaje de geometrías elementales
Atar la lazada del cordón del zapato.
Enrollar un par de calcetines.
Plegar un avión de papel.
Dar un beso. -
El enunciado
Cuentan en esta ciudad —yo no me lo creo— que a veces, en medio de un autobús atestado, una señora anciana que está de pie a tu lado se dirige a ti, musitando; tú agachas la cabeza para oírla mejor y ella te habla al oído; enseguida se apea. Cada vez dice una cosa distinta, pero siempre es muy importante, aunque no se sabe bien en qué consiste, porque todos se niegan tozudamente a entrar en más detalles. Sólo que el mensaje de la señora es para ellos muy importante.
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Una explicación (por qué «un blog literario»)
A veces me han preguntado si lo que cuento en esta página es verdad o no. Como respuesta, he colocado ahí lo de literario, para evitar la pregunta, ya que todo el mundo sabe que la verdad, en literatura, es una condición de llegada, no de partida. La verdad es un resultado del texto, si es que se da.
O sea, que lo literario es el método, no el tema. Este no es un blog sobre literatura, sino por medio de la escritura literaria, de igual modo que un fotoblog utiliza la fotografía como medio de expresión.
Trato de hacer lo que cualquier otro bloguero: contar mis cosas. Y he escogido la escritura literaria porque es mi manera de contar las cosas con más verdad. Porque yo no quiero contar lo que las cosas son en su materialidad observable, sino lo que las cosas me son. Y porque a mí la vida se me presenta de una vez, como un acorde.
Uno se levanta un sábado por la mañana desorientado y tarde, la habitación a oscuras; levanta la persiana, abre los cristales y le da en la cara una mañana azul de sol de primavera, un día tal como hoy, 10 de abril. Cuando se disponga a escribirlo sobre un texto, ¿cómo lo escribirá sin mentir? La escritura es consecutiva y la experiencia de la realidad no; el hombre que escribe no tiene más remedio que despiezar el momento (el sol, el olor, la luz del día, el viento fresco, los sonidos de la ciudad) e ir alineando esas piececitas con cuidado una detrás de otra, como el que desmonta un motor para limpiarlo.
La literatura es un modo de hacer polifónico el relato.
Es corriente pensar que la escritura literaria es una especie de tempura difuminada con que se envuelve una cosa para que quede más bonita. Así te preguntan qué significa, como diciendo: «Anda, Juan, quítale el rebozado, hazme el favor». Yo creo que la literatura no consiste en decir de modo vago unas cosas precisas, sino, al contrario, decir exactamente unas cosas indeterminadas.
Por eso —y porque disfruto— he escogido hacer un blog literario, porque es mi manera de contar la verdad de mis cosas. Por supuesto, tampoco es obligatorio escribir la verdad; ni la literal, ni la literaria. Es otra elección mía.
Me gustaría que os gustase mi blog.
Juan Avellana
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Inteligibilidad
Soy un cuerpo sensible enganchado a una armazón lógica destinada a detectar patrones: espirales, círculos, aglomeraciones de puntos, desviaciones sobre la regularidad de un fondo. Yo estoy sentado. Una conocida mía se ha echado un novio al que adora, lo que lleva a su marido a alejarse de ella, pero ella no quiere perderlo. El que me cuenta esta historia, por su parte, está casado, y hace todo lo posible por unirse a la mujer de su relato y dinamitar ese grupo de vidas. Otro ha perseverado en cierto propósito durante quince años y ahora lo deja porque acaba de ocurrírsele una cosa. Salgo de ver una película de un hombre que cultiva flores de agua; me dicen que alguien ha muerto lejos, y tengo que esforzarme en recordar su cara. Algunos rezan mantras, últimamente. Hay quien vende el coche y se marcha a vivir al campo. Luego vuelve a hacer frío y me telefonea otra amiga, que no me sorprende. Los estímulos se mueven, se acercan y se alejan. El viento estremece las hojas de mi árbol en la ventana. Estos movimientos dejan estelas en la oscura superficie lisa, como un brocado de volutas de humo, como un laberinto arrítmico, y —a lo que iba— no es que haya nada que entender en la vida, o nada que yo anhele entender, sino que la máquina lógica, despierta y durmiendo, intenta cosechar esquemas, patrones, figuras. Como si fuese un robot con alma, a ratos me hago a un lado y trazo dibujitos simples sobre la arena, sólo por el placer de descansar en el amor de las formas.
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Primeros de marzo
Qué días tan raros. Un soplo de aire y caen copos, o pétalos.
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Newtoniana
El diablo de los cuentos, algunos enanos del bosque, las brujas, ciertos genios e incluso hadas solo te dan algo a cambio de algo tuyo, posiblemente muy querido. Cumplen así con la función simbólica de representar una ley de la vida en sociedad, y es que cada acto que emprendes te compromete. Todo acto te liga a sus consecuencias; en la vida en sociedad, ademés, un acto te encadena a su contraparte, de la que eres paciente. Es algo que pertenece a la física de las relacioneá humanas, una suerte de ley de acción y reacción.
Esto, que no es razonable, y para lo que yo no tengo un porqué, se aprende sin embargo con la experiencia, y es de lo que intentan avisarte los mitos y los cuentos.
