• La fidelidad de la memoria

    Es verdad que la memoria descarta los matices, y al final lo que fue en la vida acaba siendo otra cosa en el recuerdo. La memoria diluye los detalles de los amores, por ejemplo, y tiende a resumirlos en un par de líneas que no se corresponden con el recorrido anfractuoso de cualquier relación.

    Sin embargo, la memoria no es un corrosivo indiferente. Por seguir con el mismo ejemplo, de una novia he acabado recordando solamente las cosas malas, mientras que de otra al cabo de los años solo me quedan las cosas buenas. Un mismo modo de operar concluye en una diferencia enorme.

    Así que no sé qué pensar, me digo esta mañana: si el recuerdo es un cuento mentiroso o bien una verdad muy resumida.

  • El tiempo en el norte

    En donde yo nací, para saber el tiempo miramos por encima del cementerio, que está junto al mar. Los antiguos no construyeron la ciudad al borde del mar cruel, porque allí no puede vivir nadie. Hay acantilados grises, hierba rala, pájaros solitarios y viento del norte. La ciudad la hicieron en otra parte, a la orilla de la bahía, encarada al sol del sur. Junto al gran mar abandonado pusieron el cementerio, donde hay frío y sombra.

    Así pues, desde la ciudad miramos hacia el noroeste, por encima de donde sabemos que se encuentra el cementerio, y de allí nos vienen las noticias del tiempo que tendremos. Las nubes negras llenas de agua y de frío, o el cielo claro, depende.

    Me acuerdo ahora de estas cosas por algo que no tiene nada que ver. Me explico. Un día me di cuenta de que había una teoría local sobre el tiempo distinta de la teoría general meteorológica, la que uno ve en la televisión. Una teoría para lo grande y otra distinta para lo pequeño. Se suponía que las dos no podían ser verdaderas a la vez, pero yo no podía concebirlo. Esa incomodidad derivó muchos años después de una forma inesperada: salí de mi ciudad provincial y me enteré de que la misma zozobra la comparten las cabezas del gran mundo. Resulta que nadie sabe si ninguna teoría dice la verdad. Mi pequeña grieta mental se ensanchó hasta el tamaño del universo, esa es la solución.

    Ya digo que no tiene nada que ver. Lo que me pasa es que yo me acuerdo del cementerio de mi ciudad como el hombre que ha salido de noche a cenar con unos amigos y piensa, y sabe, que se le olvidado algo muy importante en una habitación de su casa, dentro de un cajón, en un armario.

  • El conflicto

    La naturaleza animal del hombre le lleva a vivir en conflicto con la otra parte de su naturaleza, que es la de animal doméstico.

  • En otro lugar. La caja misteriosa

    Encierran un gato en una caja especial. Tan bien cerrada que es como una noche perfecta. No deja pasar la luz ni el ruido, ni el calor, el recuerdo; ni siquiera el tiempo o la lógica ven una rendija para entrar en ella.

    Las reglas dicen que no se puede abrir la caja. Por eso no se sabe qué hay dentro, qué fue del gato. Es un misterio.

    Tantos años lleva ahí la caja. Si uno mira por la ventana del museo, afuera ve el parque interminable y los jardines, pájaros vivos, un estanque de agua verde. Las nubes pasan por el cielo.

     

    [En otro lugar]

  • En otro lugar

    A veces sucede que dos hombres enemistados llevan los vaivenes de su odio más allá de lo razonable y estorban la paz del país. Un día acaban con la paciencia del rey; los soldados los arrastran al crucero del templo mayor, los arrojan al suelo y los amarran espalda con espalda. Los sacerdotes, a los que han sacado de la cama en mitad de la noche, cantan con voz temerosa mientras dura el rito que mancuerna las vidas de los dos enemigos. Luego los desatan y los mandan separarse a los extremos del continente si no quieren que su carne sea echada a los perros.

    De ahí en adelante sus destinos son invertidos e iguales. Cada golpe de fortuna le depara al otro la misma medida de desgracia; cada mal lleva ese exacto bien a la contraparte. Si uno pierde un anillo de oro, al otro le llegará una joya por azar; si uno se desposa, el otro encontrará su casa vacía. El verano es invierno, lo dulce es amargo, los garbanzos son hambre, las pulgas besos; las noches de dolor de muelas son jardines nocturnos y música. Todo el tiempo sienten al gemelo como bajo su misma piel.

    Puesto que no pueden dañar derechamente al otro, cada cual se desespera por aumentar su propio bien, de modo que sus vidas antes inútiles ahora acrecientan el bienestar de la nación. A medida que pasan los años, sin embargo, la mayoría de estos hombres termina por conducirse en torno a un discreto punto medio, y al final de los tiempos, fatigados y sentidos, hay que ver que hasta los más obstinados acaban desarrollando por su gemelo algo como esa aflicción del alma que llamamos caridad, o compasión.

  • Afonismos

    Siempre es un ángel aquel al que le sucede una cosa por primera vez.

    *

    Volver es siempre extraño.

    *

    La vida: de desear lo que será hasta perder lo que ha sido.

    *

    Si el amor es un misterio, ¿qué decir de su repetición?

    *

    A veces soy una de esas personas que pasan al otro lado de la cristalera del café; otras veces soy el que las mira.

  • Algún día

    Algún día perderé lo que ha sido; pero ahora es el tiempo en que empiezo a perder lo que no ha sido.

  • El brujo meditativo

    El problema no es —piensa el brujo— si la magia existe, o no. El problema es que la tecnología funciona mejor que la magia, he ahí la cuestión.

  • Avellana: su cuaderno de viaje VI

    Durante sus viajes Avellana trata con las estrellas cotidianas y la luna que sirve para medir el tiempo, los días que se alargan todo un entero día, las hogueras, el olor caliente de los animales y el olor agrio de otros hombres, el humo, el pan, el agua barrosa, las maderas torcidas, las piedras con formas memorables, la leche, las armas, los ásperos sabores desconocidos, y eso es el mundo. Un atardecer se acuesta sobre el suelo, y mientras yace de costado envuelto en telas que huelen como parte de sí mismo, Avellana da en representarse una ciudad, que es Madrid, de almas innumerables, donde hay luz durante la noche y el día, las personas viajan en subterráneo, hay pinturas y tinta, salas de aire caliente, hombres y mujeres que dicen palabras en cualquier momento, hay un zumbido, hay dialectos y carteles. Hay formas como arcos, cubos o esferas. Tendido en el suelo duro, con la mejilla en el polvo, a Avellana le resulta difícil creer todo esto, y se le ocurre que es uno de los lugares más improbables, más imposibles que un hombre haya conocido.

    [Avellana: su cuaderno de viaje V]

  • Medianoche

    Espumas,
    según me hundo en este sueño solitario
    tan lejos del mar
    acá en el norte,
    intento recordar qué me decíais,
    qué me decíais
    entonces.