Conocimientos

Un hombre atraviesa una alameda una tarde de viento. Sabe que las hojas de álamo esperan el otoño con alegría; pero no sabe por qué. 

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Entrar en el otoño es como volver a una habitación que ya se ha visitado en sueños. 

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Los crisantemos comparecen con exactitud exquisita. Feliz el que tiene el mecanismo del mundo por una costumbre prodigiosa y no por una ley.

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Los árboles y los niños son un poco más altos que al comienzo de la primavera. Hay pájaros nuevos. Ahí está toda la luz que ha ardido. 

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Una de las pocos conocimientos que he ganado con la edad es que existe la biografía y existe la vida, y la vida es mucho más importante. 

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Por cierto, lo que más hubiera deseado en mi vida lo escribí el otro día en un post, sin darme cuenta: volver allí donde no aprendí, y esta vez hacerlo. 

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Cuando baja la marea el agua se remansa en pozas que se entibian, que lentamente van drenando al mar y por fin se secan; casi en la bajamar queda todavía algún charco somero en la arena. Del mismo modo se va el verano, dejando pozas y charcos cada vez más chicos, hasta que por último, en un rincón de hierba verde rodeado de árboles, aún reverbera, despreocupada, mucho más allá de su estación, una isla de luz en un mar de invierno. 


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