Autor: Juan Avellana

  • El tercer estado

    Salado, dulce, amargo, agrio, umami. Sólido, líquido, gaseoso, plasma. Verdad, mentira, literatura.

  • Postpost

    Quizá en relación con el valor que se les concede hoy a los estudios de postgrado, cada vez más personas cursan su postadolescencia, una extensión de la adolescencia que la alarga bastante más allá de la edad adulta del cuerpo y la lleva a un exquisito perfeccionamiento.

  • Noche de Reyes

    Por el centro de la ciudad las tiendas están desmontando la Navidad sin contemplaciones, como si fuese una escenografía. En la calle Preciados, esta madrugada gélida, una pareja toca piezas para violín y piano o para piano solo, rodeados de unos cuantos rezagados que los observan de pie, ateridos, escuchando con atención y en silencio. Unos operarios descuelgan las luces, entran y salen empleados de los comercios que preparan las rebajas. Hay embalajes de cartón y montones de papel tirados por el suelo. La muchacha hace correr los dedos con mitones sobre un órgano Yamaha; él toca el violín, o descansa. El perro de un guarda jurado se enfada por algo y rompe a ladrar. Hace mucho frío. Es la una y pico de la mañana. Los espectadores hacemos corro, inmóviles, sujetos y fascinados por el poder de la música.

    De pronto pienso que esta escena onírica y destartalada es la única estampa navideña verdadera que he visto este año. Luego vengo a casa, enciendo el ordenador a pesar de la pereza y me pongo a escribir este post porque siento, no sé por qué, que es la parte de trabajo que a mí me toca esta noche.

    A vosotros, ¿qué os han dejado?

  • Cerrajería

    El conocimiento es una llave en poder del hombre culto. La cerradura, a menudo, aparece mucho más tarde. Y a veces se acaba la vida sin haber pasado por delante de esa puerta.

  • Primicias

    Es como si estuviera al pie de una cuesta mirando hacia el camino que se abre por delante. A poca distancia sólo veo oscuro, aunque me esfuerzo. Mi razón se empeña también en escudriñar hacia allá, pero nada. No se ve nada.

    No me importa decir que tengo miedo y esperanza. Entonces me agacho supersticiosamente, y pongo delante de mí un pájaro naranja con las patas de alambre, un poco de agua salada de color verdegrís, una pestaña, una hoja de abedul del otoño pasado, pongo unos versos que estoy por acabar. Estas son las almas modestas de mis cosas, son mis pequeños genios tutelares, posados sobre el camino para que me propicien ese vasto espacio entre el gran desconocido y este lugar donde mis pies tocan el suelo. Ojalá que el año que se alarga a partir de aquí sea bello y bueno, digo. Por favor.

    No sé si se me oye. En todo caso, ahora es mi camino: el pájaro, el mar, los ojos, el árbol.

  • Nochevieja

    Como le dijeron a Orfeo: ni una mirada atrás hasta no haber salido.

  • Niebla, Fantasma, Ítaca,

    Resaca, Lorena, Pigargo, Gabiola, Habana, Coqueta, La Zorra, Carmina, Roñoso, Ramales, Noroest, Raquero, Nubero: barcas y barcos amarrados al muelle un día gris de Nochebuena.

  • Solsticio

    Este mundo termina cada invierno porque da vueltas en medio de lo oscuro.

    Hay estaciones: primavera, verano, otoño, ahora. Las cosas tienen un alma para cada una.

    Llueve, o no.

    Y no todo se repite.

    Nosotros escogemos estos días para pensar que el mundo se acaba y empieza.

    Entonces nos ponemos alegres y tristes.

    Al caer la tarde, desde la ventana de mi oficina veo un árbol de oro.

    Este es el mundo que nos ha tocado vivir.

     

    Celebradlo.

  • Diciembre

    Esfera de cristal diciembre,
    hasta un susurro
    la empaña.

    José Jiménez Lozano, Elegías menores (Pre-Textos).

  • Flaquea la fe del narrador

    En esta fotografía están juntos, de pie, en un prado del norte de España, empinado y muy verde, delante de una ermita o una pequeña iglesia románica. Los dos son jóvenes. La luz del sol sale intensa y fresca, de modo que debe de ser por la mañana temprano, en invierno. Él está señalando con la barbilla hacia un punto que queda fuera de la foto. Deja ver un cuello poderoso y blanco, aunque por lo demás es de esqueleto frágil, y alto. Ella también es alta, pero de aire más terrestre. Gravita más. A la luz de la mañana parece aún más pálida que el hombre. Lleva el pelo, entre castaño y rubio, atado en una cola de caballo, y viste una camiseta malva y unos vaqueros. Tiene un rostro inocente y severo y es hermosa. Mientras él apunta con su gesto, ella está a su lado, inclinándose hacia el suelo como para recoger algo, pero sin soltar la cintura del hombre.

    Por su actitud se nota que hay más gente cerca, además del que tomó la foto. Deben de estar celebrando alguna ocurrencia. Ya he dicho que son jóvenes.

    Estoy al tanto de lo que les sucedió a los dos después de aquel momento, más allá de la foto; cómo continúa su historia y dónde se encuentra cada uno ahora. Pero prefiero no contarla, dejar sin animación esta imagen fija. Porque un relato traza una línea entre una situación de partida y una de llegada; y los ojos del que lo escucha siguen con la mirada la trayectoria entre los dos puntos y sacan sus conclusiones: «Ajá. De ahí a ahí, pasando por ahí. Así ha sido». Y en cambio hoy he meditado que quizá el presente es accidental e informe y que nosotros le buscamos las causas para no trastornarnos. Que ocurren cosas, imparcialmente, como si un viento de galerna dispersara las vidas y las llevase a cualquier parte. Que nada conecta lo que estos dos son hoy con lo que aquel día fueron.

    Volvamos a la foto. Mirémosla de nuevo. Quizá, si hay un sentido, se halla dentro.