• A primeros de octubre

    Ayer o anteayer fue la última mañana del largo verano, me parece a mí. Yo la pasé en casa y anoté esto:

    El olor del pan tostado.
    El sol de la mañana sobre el suelo.
    Una casa, una cama.
    Un mechón de pelo rubio.
    Unas sábanas blancas.
    Esta tibieza.

  • Climatología

    Releo mis posts de los últimos tiempos y noto que hablo mucho del tiempo, como la gente en los ascensores. Sin embargo, parece que hay un sentido, no sé.

    Como otras veces, acabo preguntándome si será un síntoma de estupidez o de pureza.

  • Septiembre

    La Puerta del Sol en obras, bajo un sol desvaído, repleta de vecinos y extranjeros; una muchacha, entre la confusión y el polvo, cruza la muchedumbre recogiéndose la falda.

    Yo vengo de la calle Mayor, de una librería; he pasado un rato largo leyendo de pie y al final me he traído una antología de haikus bajo el brazo.

    Meto el libro en la maleta y me voy de viaje a la isla. Una noche, en medio del camino, un relámpago y el canto del grillo, que no cesa. No hay luna, pero las nubes son de un blanco lechoso contra el cielo oscuro.

  • Agosto y las ciudades

    Ahí están las señales que anuncian la declinación del verano, a mediados de agosto, pero el sol rojizo sigue sofocando las aceras y la ciudad está vacía. Las avenidas se alargan en los atardeceres con un sosiego irreal; el que está solo camina por una ciudad desnuda, pura, de huesos geométricos, extraña y evidente como la arquitectura de un sueño.

    *

    La calle se llama Andrés Gómez Pingarrón en honor de un animoso artista local. Y ese quién era. Que la llamen calle de Huckleberry Finn, por el amor de Dios.

    *

    Hay una clase de melancolía que consiste en mirar todas las cosas con anacronía: como si su tiempo ya hubiese sido o como si estuviera, allá a lo lejos, por ser. Mirar las cosas como si se viesen pasar por el andén de enfrente.

    *

    Escribir chorradas es un derecho humano, me digo. Lo censurable es escribirlas con tonillo.

    *

    Una mañana estaba sentado al sol en un patio, tomando el café del despertar, y me sobrevino unos de esos recuerdos vívidos de la infancia. Quiero decir una de esas regresiones que no son una evocación sino un fugaz volver a ser, como un relámpago. Recordé cómo vivía en la seguridad metafísica: yo era y el mundo era en toda plenitud, sin duda, sin la imaginación de una duda, sin merma. Algo tan grande y vuelvo al café y al sol y al patio y lo he perdido.

    *

    Ni siquiera el amor, que todo lo puede, puede asegurar lo que será. El amor asegura lo que es, que ya es bastante. Dicho de otro modo: al amor le preguntas «¿serás?», y has de oír que grande, el verdadero amor, te contesta «soy». Como respondería un mortal.

    Esa cosa tremenda crees haber aprendido sobre el amor, con los años.

    *

    Ocurra lo que ocurra, debería conservar siempre una voluntad hermosa. Que no se me olvide.

    *

    Paso unos días en mi otra ciudad. Veo que se lleva pintar las casas de color mierda. Mierda claro, mierda oscuro, albero mierda, verde mierda, rosa mierda, y así. Qué curioso.

    *

    Voy a visitar a Paco y a Rosario. Echo la tarde sentado en su salón a oscuras y ellos me cuentan sus cosas y yo los veo ahí, cercados por la enfermedad y las circunstancias, como si achicasen agua de una barca vieja. A primera vista parece una pelea trágica, sin esperanza. Pero no, es épica: es como pelean los defensores de la ciudad sitiada, por un deber natural, sin hacer cuenta de la esperanza. Morir matando. O, con más propiedad, morir viviendo.

    *

    Hace años que mi madre tomó la costumbre de venir a despedirme al bus, a la estación. Ella me dice adiós con la mano hasta que dejo de verla; el bus da media vuelta a la estación para enfilar la rampa de salida, y ahí junto a la rampa está mi madre ahora, adiós, adiós. Siempre hacemos lo mismo.

    Pero esta vez el autobús se detiene por algún motivo y yo la veo de espaldas, toda apresurada, atajando por los andenes para salir a tiempo al otro lado. Así que esta es la tramoya secreta que hay detrás del cariño, madre. Adiós, adiós, hasta pronto.

    *

    A finales de mes, a la ciudad empieza a volver el movimiento, como revive un brazo que se había dormido. Esta noche, en la Plaza del Ángel hay luces de colores tras los cristales, un saxofonista, grupos de amigos en las terrazas, paseantes, unos jóvenes que charlan con un negro que vende sus cuadros en la calle y ríen. Sopla una brisa caliente y la ciudad me parece perfecta, y la vida también, por un instante.

  • Julio

    Junto al mar, una mujer sale del agua, con los labios salados y la lengua dulce.

  • Dios mío, está lleno de estrellas

    He sabido que las tres estrellas que forman el Triángulo de Verano son Vega, Deneb y Altaír.

    Eso he sabido. He ahí la noche estrellada; ahí, en la boca, la palabra del nombre. Altaír, Deneb, Vega; tal es la gloria del mundo.

     

    [My God, it’s full of stars!]

    [Todo está lleno de estrellas]

  • Noche de San Juan

    Yo me figuro junio como un prado suave que va subiendo subiendo hasta la noche de San Juan, que es lo más alto. Desde ahí se ve pendiente abajo el verano, que se extiende hacia lo lejos. Yo, que he tenido mis noches de San Juan extrañas, miríficas o temibles, esta noche me doy cuenta de que ya no espero de la magia. Estaba por decir que los años me han hecho dar el paso de aceptar la necesidad del mundo; pero lo que quiero expresar de verdad va más allá y sólo lo puedo intentar mediante una metáfora. Es que en los anales de la magia no se ha sabido nunca de un hechizo que volviese bueno a un hombre, por poner un ejemplo.

    Es una metáfora, ya digo, de lo que la magia no hace; a algo de eso me refiero. De todos modos, sigue siendo una noche hermosa y corta, y hay fuegos, canciones y poemas. Ojalá estuviese cerca de una playa.

     

    [Noches II]

    [Una historia antigua]

  • Mayo

    A estas alturas del mes de mayo la luz se alarga en el cielo como si ya fuese verano. Hace dos o tres días me quedé entredormido en mi habitación, al atardecer. Pasaba de un sueño a otro. Quería fumar, pero me había dejado el tabaco en otro sueño. Cuando me desperté, por la ventana abierta todavía entraba un leve resplandor fantasmagórico, como la luz de un recuerdo. Seguí en la cama un rato y por fin se hizo de noche. Eso fue hace un par de tardes, antes de que volviese la lluvia.

  • Presas

    Vida de prisionera en España. Diecisiete reclusas hablan desde la calle, titula hoy la portada de El País. Lo que me hace pensar, contemplando el hundimiento del periódico que un día fue un proyecto ilustrado, que la estupidez comienza y acaba en el mismo sitio: en no llamar a las cosas por su nombre.

    prisionero, ra.
    1. m. y f. Militar u otra persona que en campaña cae en poder del enemigo.
    2. m. y f. Persona que está presa, generalmente por causas que no son delito.
    3. m. y f. Persona que está dominada por un afecto o pasión.

    (DRAE)