Granos, cáscaras, vilanos, pelusas pegajosas y leves, sámaras volanderas, estos días hay semillas de árboles por los rincones, en los charcos, bajo las suelas. Y sin embargo, de entre toda esa barredura se acabará alzando el tamaño de un árbol.
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Todas las tardes levanto la vista y navego
en la luz de mayo
allá arriba, en el mar de los pájaros
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Cada día, bajo la luz rojiza, veo que la tarde madura como un fruto. Y, como un fruto, no sé en qué momento llega a su color perfecto. Un poco más oscuro, un poco más rojo. Así hasta la noche.
El cerezo lleva ahí veinte años, más o menos. Este año ha dado seis cerezas. Perfectas, dulces, rojas y redondas, como el corazón frutal de un ángel pequeño.
Ahora que caigo, ese cerezo y este blog deben de tener los mismos años. ¡Si yo hiciese un día un post como una cereza!
Me entero de que hay algo llamado red de niebla. Quizá sirva para atrapar almas que se separan del cuerpo durante el sueño.
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Una desconocida le pide que la arrope porque tiene frío.
Me encuentro esto en un periódico:
En vez de los desconocidos que antes veía a todas horas en su casa, en las últimas semanas lo que Carmen se encuentra a menudo son «chiquillos o una mujer que por las noches me dice que la arrope porque tiene frío. Pero ya no les tengo miedo, sé que son alucinaciones que tengo por la enfermedad».
Eso le ocurre a esta mujer por las noches, en su casa.
Es imposible imaginar la extensión de la experiencia humana. Debería haber un altarcillo en cada casa dedicado a la vida de los otros.
[Red de niebla:
https://es.wikipedia.org/wiki/Red_de_niebla]
[«La neuróloga que quiere sacar del olvido la demencia más desconocida». El Mundo, 15 de abril de 2024
https://www.elmundo.es/…/a454f8b45a7.html]
