• Una elección

    En una parada del metro suben un padre y una hija y vienen a colocarse a mi lado. Él es alto, joven todavía, con traje oscuro y portafolios de piel, un aire un poco estirado. La niña tendrá como siete u ocho años, y encima del uniforme del colegio lleva un abrigo azul marino muy formal.

    Son las ocho y pico de la mañana y el vagón está atestado de gente recién levantada, camino de sus ocupaciones. El padre y la niña van hablando, y yo no les presto atención hasta que veo que la niña le muestra a su padre unos caramelitos de colores en la palma de su mano. Eleva un poco la mano para que los cuatro caramelos queden bien a la vista del padre. «Escoge uno —le dice. Pero él se queda quieto, de modo que la niña insiste—: Anda, escoge». «Da igual —responde el padre—; dame uno». La niña tiene muy abierta la mano, con la palma casi convexa. Entonces habla con una voz repentinamente seria: «Decide. Tienes que escoger uno de los colores». Y mira hacia arriba, directamente a los ojos del padre. El vagón se detiene en una parada; se acallan los murmullos de la gente. Amarillo, verde, rosa, morado. «Coge uno —pienso yo—. Cógelo». El padre, muy despacio, se mueve por fin y toma uno de los caramelos. «Ese has escogido. Muy bien», dice serena, con todo aplomo. Y es como si otra voz hablase por la voz de la niña. Pero he aquí que ella se sonríe, la sonrisa le alumbra toda la cara —tiene ocho años—, la escena se deshace y el vagón arranca de nuevo.

  • El tercer estado

    Salado, dulce, amargo, agrio, umami. Sólido, líquido, gaseoso, plasma. Verdad, mentira, literatura.

  • Postpost

    Quizá en relación con el valor que se les concede hoy a los estudios de postgrado, cada vez más personas cursan su postadolescencia, una extensión de la adolescencia que la alarga bastante más allá de la edad adulta del cuerpo y la lleva a un exquisito perfeccionamiento.

  • Noche de Reyes

    Por el centro de la ciudad las tiendas están desmontando la Navidad sin contemplaciones, como si fuese una escenografía. En la calle Preciados, esta madrugada gélida, una pareja toca piezas para violín y piano o para piano solo, rodeados de unos cuantos rezagados que los observan de pie, ateridos, escuchando con atención y en silencio. Unos operarios descuelgan las luces, entran y salen empleados de los comercios que preparan las rebajas. Hay embalajes de cartón y montones de papel tirados por el suelo. La muchacha hace correr los dedos con mitones sobre un órgano Yamaha; él toca el violín, o descansa. El perro de un guarda jurado se enfada por algo y rompe a ladrar. Hace mucho frío. Es la una y pico de la mañana. Los espectadores hacemos corro, inmóviles, sujetos y fascinados por el poder de la música.

    De pronto pienso que esta escena onírica y destartalada es la única estampa navideña verdadera que he visto este año. Luego vengo a casa, enciendo el ordenador a pesar de la pereza y me pongo a escribir este post porque siento, no sé por qué, que es la parte de trabajo que a mí me toca esta noche.

    A vosotros, ¿qué os han dejado?

  • Cerrajería

    El conocimiento es una llave en poder del hombre culto. La cerradura, a menudo, aparece mucho más tarde. Y a veces se acaba la vida sin haber pasado por delante de esa puerta.

  • Primicias

    Es como si estuviera al pie de una cuesta mirando hacia el camino que se abre por delante. A poca distancia sólo veo oscuro, aunque me esfuerzo. Mi razón se empeña también en escudriñar hacia allá, pero nada. No se ve nada.

    No me importa decir que tengo miedo y esperanza. Entonces me agacho supersticiosamente, y pongo delante de mí un pájaro naranja con las patas de alambre, un poco de agua salada de color verdegrís, una pestaña, una hoja de abedul del otoño pasado, pongo unos versos que estoy por acabar. Estas son las almas modestas de mis cosas, son mis pequeños genios tutelares, posados sobre el camino para que me propicien ese vasto espacio entre el gran desconocido y este lugar donde mis pies tocan el suelo. Ojalá que el año que se alarga a partir de aquí sea bello y bueno, digo. Por favor.

    No sé si se me oye. En todo caso, ahora es mi camino: el pájaro, el mar, los ojos, el árbol.

  • Nochevieja

    Como le dijeron a Orfeo: ni una mirada atrás hasta no haber salido.

  • Niebla, Fantasma, Ítaca,

    Resaca, Lorena, Pigargo, Gabiola, Habana, Coqueta, La Zorra, Carmina, Roñoso, Ramales, Noroest, Raquero, Nubero: barcas y barcos amarrados al muelle un día gris de Nochebuena.

  • Solsticio

    Este mundo termina cada invierno porque da vueltas en medio de lo oscuro.

    Hay estaciones: primavera, verano, otoño, ahora. Las cosas tienen un alma para cada una.

    Llueve, o no.

    Y no todo se repite.

    Nosotros escogemos estos días para pensar que el mundo se acaba y empieza.

    Entonces nos ponemos alegres y tristes.

    Al caer la tarde, desde la ventana de mi oficina veo un árbol de oro.

    Este es el mundo que nos ha tocado vivir.

     

    Celebradlo.

  • Diciembre

    Esfera de cristal diciembre,
    hasta un susurro
    la empaña.

    José Jiménez Lozano, Elegías menores (Pre-Textos).