y las fotografías emiten la luz de un tiempo extinto.
Categoría: Ficciones y prosas
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No Hay Problema sin Solución
A la salida de la boca de metro de mi calle —la que era mi calle hasta hace poco— a veces te encuentras algún africano alto y delgado que reparte unos cuadraditos de papel blanco con la propaganda de un brujo, el Profesor Diakhite. O bien el Profesor Nova Vidente. El Profesor Danso o Dansso, con experiencia en todos los campos de la Alta Magia. El Profesor Salim, el Profesor Mory, el Profesor Mady, el Profesor Aidara, el Profesor Suare, el Profesor Cisse, el Profesor Benjamín, el Profesor Lliba, el Maestro Sila. Todos son Gran Ilustre Mágico Africano o bien Gran Ilustre Vidente Africano, y todos ellos poseen Rapidez, Eficacia y Garantía. No hay problema sin solución. Los poderes de los profesores Lliba, Mory, Suare, Salim y Benjamín son naturales. El profesor Aidara impresiona por ser Descendiente del profeta M. H. D Hereditarios de padres a hijos. Lunitas y estrellas flanquean su nombre. Encerrado en la penumbra de su habitación, el hechicero bebe de un vaso de barro africano y la boca se le colma del sabor terroso y acre de la poción chamánica. Posa el vaso sobre la alfombra y ya comprende, abatido, que en vez de transformarse en un leopardo, una serpiente o un águila, en vez de cruzar el cielo o hendir la oscura selva, otra vez ha vuelto a transformarse en un chamán distinto. A veces solo le muda el número del móvil. Triste magia trasplantada a la gran ciudad, ah, viejo brujo, esta ciudad de la pálida Europa.
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Navidades
El mar de invierno amenaza y cruje como si fuese a desgoznar las rocas y la playa. La ciudad donde crecí —la distancia y la costumbre— se me ha ido volviendo un lugar extraño. Pero me bajo hasta la orilla y ahí está el mar, bufando espuma. Y las olas tienen ese preciso verdegrís, reconocible, ese color exacto como la voz de un padre.
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Regret
Todo se ha de marchar, irremediablemente. Y sin embargo, este pesar de que sucede por mi culpa.
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A la música
El señor Maligano ha decidido dedicar su vida a la música. Anteayer, dos días después de cumplir 84 años.
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Circos
Otra vez está en Madrid el Circo del Sol. Ha pasado aquí el otoño. Yo fui a verlos por primera vez hace cuatro o cinco años, con una amiga, una mujer algo mayor que yo a la que vale la pena conocer. Al salir de la función, anduvimos sin decir palabra durante un rato, felices y asombrados de aquella belleza tan leve. Al final ella habló y acabó con el silencio muy bien. Dijo solamente: «Juan, ¿nos vamos con el circo?». Yo me reí a gusto, porque sabía lo que quería decirme.
Seguimos callados un buen espacio, hasta que esta vez hablé yo, y le dije: «Pero si tú y yo nos hemos ido detrás de todos los circos que han pasado». Entonces se rió ella también; no le quedó más remedio que reírse de veras.
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Un post a lápiz
Unos folios sobre una mesa de cristal vacía y un lapicero Faber-Castell de punta afilada. El grafito rasca sobre el papel blanquísimo estas letras a las que se oye crujir una por una como los pasos de una persona en un campo de nieve.
Yo había empaquetado el ordenador en último lugar y en el último momento. El hombre de la mudanza me avisó desde su móvil y yo me senté a esperar junto a las cajas. Estallaron las cinco bombas por Madrid y el hombre de la mudanza me llamó de nuevo diciéndome que la ciudad entera era un puro atasco, justo a su lado, que nada, que para mañana.
Así que aquí estoy, recordando cómo escribía yo hace tanto tiempo, a lápiz, en medio de ese silencio innatural de las habitaciones desnudas.No todas las casas en las que he vivido tenían nombre. Esta se llama la Casa de los Pájaros, pero solo la semana pasada he descubierto que mientras yo estaba en el trabajo, por las mañanas, unos pajaritos blancos y negros venían a bañarse en una bandeja de latón llena de agua de riego que hay en la terraza. Sí había visto y oído muchas veces a las urracas, que se paseaban con bastante confianza. Y a las palomas y los gorriones, como es natural.
La Casa de los Pájaros. Hice fotos de lo que se veía desde la terraza. A ver si un día las traigo.
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Avellana: su cuaderno de viaje IV
Avellana saldrá una noche de casa después de cenar, contra su costumbre. Para aclararse la cabeza con el aire fresco. Andando, llegará a donde se cruzan cuatro calles y es obligado escoger; pero él duda. No quiere renunciar a ninguna de ellas; entonces toma las cuatro a la vez.
De aquí en adelante andará por cuatro caminos distintos; vale decir, vivirá cuatro vidas. En una de ellas no me trae libretas anotadas para que yo las mire; en otra se encontrá una piedra azul en unas bardas al borde del camino; en otra es un cascarrabias sedentario y fantasioso; en otra es un pájaro.
Avellana saldrá de casa una noche y tomará cuatro caminos, y de cada uno, otros cuatro, y otros más, todos los que tema abandonar. Siempre alejándose de este punto, el de partida.
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Noviembre
Por las tardes, después de tomar el café, el señor González vuelve a la oficina por la acera de la izquierda, en verano, y por la acera de la derecha, si es invierno. Esta tarde vuelve por la acera de la derecha. El sol de otoño le da de frente y le deslumbra. La luz enciende la silueta cristalina de los árboles, enciende las losas del suelo y el granate en las tapias.
El señor González se queda mirando con detenimiento unas hojas de hierba que se aprietan sobre la acera, en una juntura. Hojitas tiernas verde claro. Apoya la mano en el tronco de un arbolillo liso, de tacto tibio. Siente el peso leve del calor del sol encima de los hombros y, al borde de la felicidad, piensa si ese ensanchamiento de su sensibilidad para el detalle es un don o es señal, por el contrario, de la limitación de su existencia.
Su sombra se alarga, atraviesa la acera y va a caer sobre los hierros de una verja. El señor González, abstraído, se ha olvidado de que medita. Es un hombre de bigote con un abrigo gris parado en medio de la calle. Apoyado en el árbol, cierra los ojos y alza la barbilla para recibir el sol en la cara con avidez y con placer.
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Una teoría poética
es, como casi todas las ideologías, una colección de buenos propósitos que se arruinan en su realización.
[Ese casi tiene su explicación. Les he dejado a las ideologías un resquicio al no escribir «es verdad para toda ideología que»: pero eso no significa que alguna ideología no se arruine en su realización, sino que alguna ideología carece de buenos propósitos.]
